Esa noche, en la privacidad de sus aposentos, Kael se miró en un espejo de plata. Por un momento, su reflejo no mostró su rostro, sino el de **Kyrin**. El Rey Liche no gritaba; simplemente sonreía.
—**Disfruta de tu paz, pequeño guardián** —susurró la voz en su mente—. **Pero recuerda: el ámbar se agrieta con el tiempo. Y cuando el mundo olvide por qué me temía, yo seré la grieta que los devore a todos.**
Kael cubrió el brazo de ámbar con una manga de cuero reforzado y cerró los ojos, fortaleciendo su voluntad. Sabía que su vida sería una vigilancia eterna.
### V. Una Nueva Amenaza
Lejos de allí, en las calientes y oxidadas tierras del Sur, el **Duque Draven** no estaba solo. En una torre que Kael no había visitado, Draven se arrodillaba ante una figura envuelta en túnicas de color púrpura profundo que sostenía un orbe de cristal.
—El príncipe ha tomado el ámbar —dijo la figura, cuya voz era una mezcla de mil voces—. Tal como el **Cónclave de las Sombras** predijo. Ahora que el equilibrio se ha concentrado en un solo hombre, es mucho más fácil de romper.
La figura miró hacia el Norte, y el orbe mostró la imagen de Kael y Lyra.
—Que celebren su victoria. Han ganado una ciudad, pero han perdido el anonimato. La Cosecha de Almas apenas comienza.