El Costo del Secreto

Capitulo 1: El Fin de la Infancia

—¡Agh! ¿Cuánto tiempo llevamos, Val?

—Llevamos tres horas aquí. Estuviste inconsciente unas dos horas, más o menos.

Mi hermana dice que ya pasaron tres horas, pero todo esto es muy extraño. Solo estamos ella y yo en esta sala y, enfrente de nosotros, hay una silla vacía. ¿Acaso será para mamá?

—Val, ¿qué pasó después de que me desmayara?

Necesitaba entender qué hacíamos allí. Mamá prometió que respondería a nuestras preguntas, pero no estaba por ninguna parte. ¿Qué demonios estaba pasando?

—Noah, después de que te desmayaste, mamá se acercó a ti muy preocupada. Cuando estaba a punto de llevarte al médico, llegaron varias camionetas del ejército. De una de ellas bajó quien parecía ser el comandante y le dijo a nuestra madre que nos acompañaran los tres porque tenían preguntas que hacer. Nos subieron a un vehículo; a mamá la llevaron a un lugar aparte, pero a ti y a mí nos dejaron en esta sala.

—Ya veo... Así que eso fue lo que pasó.

De pronto, la puerta se abrió. Por un momento pensé que era nuestra madre, pero me equivocaba.

—Muy bien, niños. Lo que hicieron allá afuera fue sorprendente. Se necesita mucho valor para algo así, y me asombra que lo hayan logrado.

Mi hermana y yo nos quedamos atónitos. La verdad, no sabía cómo interpretar sus palabras.

—Gracias, pero... ¿quién es usted? Y lo más importante: ¿qué hacemos aquí?

El hombre, que aparentaba unos cincuenta años, nos miró con severidad y respondió con un tono frío, casi molesto:

—Por lo visto, «SU MADRE» nunca les contó nada. Pero muy bien, me presento: YO SOY EL GENERAL MAYOR MENDOZA, y estoy a cargo de los 32 generales de las Fuerzas Especiales Mexicanas.

En cuanto lo dijo, las piezas empezaron a encajar. Recordé que un día en la escuela nos hablaron de un incidente ocurrido hace once años, donde murieron varios miembros de las fuerzas especiales durante un enfrentamiento con los remanentes de los carteles. Solo sobrevivieron unos pocos, entre ellos el hombre conocido entonces como Comandante Mendoza.

—Iré directo al grano, niños: ustedes están bajo arresto por asesinato.

No podía creer lo que acababa de escuchar. Es decir, sí, lo hicimos, ¡pero fue en defensa propia! Cuando estaba a punto de replicar, el general volvió a tomar la palabra:

—Escuchen bien. Generalmente, los menores que cometen un delito de este calibre son enviados a un centro de detención juvenil. Pero con ustedes es diferente: son hijos de una de nuestras generales y, como tal, están exentos de esa regla dentro de la FEM. Sin embargo, a cambio de su libertad y por ser hijos de militares, deberán convertirse en miembros de la institución.

—¿Qué quiere decir con eso? ¡Solo somos unos niños! ¿Y qué hay de nuestra madre? ¿Ella está de acuerdo con esto?

—Para ser solo unos niños, demostraron bastante habilidad. Tu precisión con ese dron fue fenomenal, Valentina. Y tú, Noah, supiste qué hacer bajo presión. La agallas que demostraron al apretar ese gatillo solo prueba que tienen determinación. Con respecto a su madre, la verán en unos momentos; ella ya está al tanto de la situación. Iniciarán su curso de adiestramiento en dos semanas en la academia militar, donde estarán con otros chicos de su edad. Sin más, me retiro. Espero grandes cosas de ustedes.

Tras la salida del general, me quedé paralizado. ¿Cómo era posible todo esto? ¿Cómo que ahora seríamos parte de las fuerzas especiales?

La puerta volvió a abrirse, pero esta vez sí era mamá. Al verla, mi hermana y yo no pudimos contener más las lágrimas.

—¡MAMÁ!

—Mis niños... me alegro tanto de que estén bien —dijo abrazándonos—. Vámonos a casa, se los contaré todo.

Nos llevaron a una casa nueva, ya que la nuestra había quedado hecha ruinas tras el ataque. Una vez allí, mamá se sentó junto a la abuela y comenzó a explicarnos la situación:

—Lo que dijo el General Mendoza es verdad: yo soy una de los 32 generales. Sin embargo, pasé a ejercer un cargo administrativo desde aquel incidente hace once años.

—Mamá... si fue hace once años, significa que nosotros apenas teníamos un año, ¿verdad? —interrumpió Valentina—. ¿Tiene algo que ver con el enfrentamiento del que habló Mendoza?

—Estás en lo cierto, Valentina. En aquel entonces yo tenía 19 años y ustedes eran solo unos bebés. Durante el operativo con el que se pretendía dar fin a los líderes de los cárteles, algunos lograron escapar. No volvimos a saber de ellos; fue como si se los hubiera tragado la tierra. Pero justo cuando nos retirábamos, recibí una llamada de su abuela diciendo que había gente sospechosa afuera de la casa. Ella logró huir con ustedes a tiempo y los atacantes fueron abatidos. Cuando me reuní con los tres, tomé la decisión de retirarme del frente de batalla para administrar a las fuerzas especiales de nuestro estado de forma anónima. Así ustedes no correrían peligro.

—Así que eso fue lo que pasó... —murmuré—. Pero, mamá, ser «una de los 32 generales», ¿qué significa exactamente?

—Cada estado tiene un cuerpo militar con varios equipos de fuerzas especiales, formados generalmente por jóvenes desde los 16 años. Cada equipo está al mando de un comandante, el comandante responde al general del estado, y los generales responden ante el General Mayor, que es la máxima autoridad. Al General Mayor se le elige mediante la votación de los 32 generales cuando el predecesor fallece. Pero no piensen en eso ahora, niños; cuando entren a la academia les explicarán todo al detalle.



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En el texto hay: misterio accion drama secretos

Editado: 27.07.2026

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