Porque decirla completa habría sido admitir algo que todavía podía evitar.
Se sentó frente al maniquí. Por primera vez, lo hizo sin una tarea que lo justificara. Solo se sentó. La observó.
—Viniste una sola vez —dijo en voz baja—. Eso es lo que recuerdo.
La memoria le devolvió la imagen de ella probándose el vestido, mirándose al espejo como si no se reconociera. El reflejo de una mujer que ya había perdido algo antes de perder a quien la obligaba a vestir de negro.
—No me dijiste tu nombre.
Edrien cerró los ojos.
Lo pronunció antes de pensarlo.
—Lys.
El sonido fue suave, casi frágil. Encajó demasiado bien en el silencio del taller.
Edrien abrió los ojos de golpe.
—No… —susurró—. Eso no lo sé.
Pero el nombre no se fue.
<3