El costurero de porcelana

.

Se quedó ahí, entre la luz y el polvo, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar. Como si el maniquí lo hubiera estado esperando.
—No te llamas así —insistió—. Yo… yo lo inventé.
Se levantó bruscamente, dio la espalda al fondo del taller y regresó a su mesa. Trabajó con furia contenida, cosiendo más rápido de lo habitual. Cada puntada era una negación.
Aun así, el nombre seguía repitiéndose en su mente.
Lys.
Lys.
Lys.
Al caer la tarde, una mujer entró al taller para recoger un velo. Edrien la atendió con cortesía automática. Cuando ella se fue, notó algo que le erizó la piel.
El maniquí parecía inclinar levemente la cabeza.
Era mínimo. Imperceptible. Podía haber sido la luz, el cansancio, cualquier cosa.
Edrien no se acercó.

<3



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En el texto hay: psicológico.

Editado: 13.01.2026

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