El costurero de porcelana

Capítulo IV — El lugar que se ocupa sin moverse

Al principio fue algo práctico.
Edrien necesitaba espacio.
Los pedidos aumentaban conforme la guerra avanzaba y la ciudad acumulaba muertos. El taller se llenó de telas negras, de encargos urgentes, de nombres que nunca preguntaba. Para trabajar mejor, decidió reorganizar el fondo.
Movió dos maniquíes viejos hacia la pared izquierda. Colocó una mesa pequeña bajo la ventana para aprovechar la luz. Y, sin pensarlo demasiado, dejó a Lys donde estaba.
No porque fuera especial.
Eso se dijo.
Porque allí la luz caía mejor. Porque el espacio era más amplio. Porque moverla habría sido incómodo.
Excusas pequeñas. Aceptables.
La rutina se adaptó rápido.

<3



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En el texto hay: psicológico.

Editado: 13.01.2026

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