Edrien bajó el brazo lentamente.
—Perdón —murmuró—. Olvidé que no…
No terminó la frase.
Porque lo que había olvidado no era que ella no podía responder.
Era que ya no necesitaba hacerlo.
Los días comenzaron a organizarse alrededor de su presencia. Edrien evitaba clientes que se demoraban demasiado. Cerraba el taller antes. Caminaba menos por la ciudad.
Valenrook empezó a sentirse ajena. Ruidosa. Demasiado viva.
En cambio, el taller era constante. Predecible. Seguro.
Una noche, mientras barría el suelo, el mango de la escoba golpeó sin querer la base del maniquí. El sonido seco de la porcelana contra la madera lo hizo estremecerse.
—Cuidado —dijo con brusquedad.
Se quedó helado.
<3