Había hablado como si alguien pudiera salir herido.
Dejó la escoba a un lado y se acercó. Se arrodilló frente a ella para asegurarse de que no había daño. Sus dedos recorrieron la superficie con una delicadeza excesiva.
—Lo siento —susurró—. No fue mi intención.
La porcelana estaba intacta.
Aun así, Edrien apoyó la frente contra su regazo inmóvil. Cerró los ojos.
—Aquí nadie te va a hacer daño —prometió.
Y por primera vez desde que ella se había ido —desde que solo había venido una vez—, Edrien sintió algo parecido a la calma.
No era felicidad.
No era amor.
Era la tranquilidad peligrosa de creer que algo, al fin,
no iba a abandonarlo.
Lys no se movió.
Pero su lugar ya estaba marcado.
Y Edrien, sin darse cuenta,
había empezado a vivir para no dejarlo vacío.
<3