La ausencia no se nota de inmediato.
En una ciudad como Valenrook, donde la gente desaparece todos los días por causas más definitivas, que un costurero deje de pasear por el mercado o de quedarse a beber en la taberna no parece relevante. Nadie lleva la cuenta de quienes se vuelven más silenciosos.
Aun así, alguien lo notó.
Fue Marek, el curtidor del barrio bajo, quien se detuvo frente al taller una mañana gris y frunció el ceño. La puerta estaba abierta, como siempre, pero Edrien no estaba en la entrada saludando con esa inclinación leve de cabeza que solía ofrecer a todo el mundo.
—Extraño —murmuró.
Entró sin anunciarse.
<3