El sonido de las tijeras fue lo único que respondió.
Edrien estaba concentrado sobre la mesa, cosiendo con una precisión casi obsesiva. No levantó la vista cuando Marek se aclaró la garganta.
—Te has vuelto un fantasma —dijo el curtidor, apoyándose en el marco de la puerta—. Ya ni pasas por la taberna.
Edrien tardó en reaccionar. Cuando lo hizo, fue como si regresara de muy lejos.
—Tengo trabajo —respondió simplemente.
Marek se encogió de hombros y dejó que su mirada recorriera el taller. Vio las telas, los maniquíes alineados… y luego frunció el ceño.
—¿Siempre tuviste tantos?
Edrien siguió cosiendo.
—Siempre.
No era verdad.
<3