Acarició la tela del vestido, cuidando de no tocar la porcelana directamente.
—Aquí estás bien —repitió—. Nadie tiene que mirarte si no quieres.
Esa tarde cerró antes de lo habitual. Corrió el cerrojo con firmeza. Las sombras se alargaron en el taller, y la ciudad quedó fuera, reducida a murmullos lejanos.
Edrien encendió más velas de las necesarias.
—Hoy vinieron a molestar —dijo mientras ordenaba—. Pero no volverán.
No dijo nos.
Aún no.
Se sentó frente a Lys, más cerca que nunca. Observó cada línea del rostro de porcelana, cada imperfección mínima que lo acercaba peligrosamente a la memoria de la mujer real.
—No te irás —dijo con una convicción nueva—. Yo no dejaré que te vayas.
El silencio respondió, fiel.
Pero fuera del taller, Valenrook seguía respirando.
Y cuando el mundo nota una ausencia,
tarde o temprano,
intenta reclamarla.
<3