Entregó los mantos sin hablar más de lo necesario. Rechazó el vino que le ofrecieron. No se quedó a conversar. En cuanto pudo, regresó.
Pero al doblar la esquina de su calle, se detuvo en seco.
La puerta del taller estaba abierta.
El corazón le golpeó con violencia.
Corrió.
Dentro, todo parecía en orden. Las mesas, las telas, las velas apagadas. Nadie había robado nada. Nadie estaba allí.
Aun así, Edrien buscó de inmediato el fondo.
Lys seguía junto a la ventana.
Inmóvil. Intacta.
El aire volvió a sus pulmones con un temblor.
—No debí irme —susurró.
Cerró la puerta con fuerza. Corrió el cerrojo. Luego el segundo. Apoyó la espalda contra la madera, deslizando el cuerpo hasta sentarse en el suelo.
Permaneció así un largo rato.
Cuando se levantó, tomó una decisión.
<3