—No digas nada —susurró.
El silencio se alargó hasta volverse incómodo. Finalmente, Marek se fue, murmurando algo ininteligible.
Edrien soltó el aire.
—Así es mejor —dijo, convencido—. El taller es nuestro.
La palabra le salió sola.
Nuestro.
Se sentó frente a ella, agotado. Por primera vez, apoyó la cabeza contra su hombro de porcelana. El frío lo recorrió entero, pero no se apartó.
—Mientras no salgas —murmuró—, nadie puede llevarte.
La noche cayó sobre Valenrook.
Y esa noche, por primera vez,
el taller dejó de ser un lugar de trabajo
y se convirtió en un encierro elegido.
<3