Trabajó con una concentración distinta. Amorosa. Cada ajuste era una caricia contenida. Cada puntada, una promesa silenciosa.
Cuando terminó, retrocedió un paso.
El vestido le caía perfecto.
Demasiado perfecto.
Edrien sintió una punzada de orgullo y de miedo.
—Así estás mejor —susurró.
Dejó el vestido anterior doblado sobre una silla, olvidado. Al amanecer, el velo inconcluso seguía colgado, como una acusación muda.
Al día siguiente, nadie vino.
El siguiente tampoco.
El taller comenzó a oler distinto. Menos a tela nueva, más a encierro. Edrien apenas lo notó.
<3