—No necesito salir —dijo una mañana—. Todo lo que importa está aquí.
Se acercó más de lo habitual. Su mano rozó la porcelana del cuello. El frío le subió por el brazo, pero no retiró los dedos.
—No te irás —repitió—. Aunque tenga que dejar todo lo demás.
Y así, sin un acto grandioso ni una decisión consciente,
Edrien empezó a abandonar su oficio.
Puntada a puntada.
Encargo a encargo.
Para quedarse
con lo único
que no le pedía nada
a cambio.
<3