Esa noche, decidió no dormir. Arrastró una manta cerca del fondo del taller y se sentó apoyado contra la pared, de espaldas a la ventana. La luz de la luna dibujó el perfil de Lys sobre el suelo.
—Si alguien entra —susurró—, me despertaré.
No se dio cuenta de que ya nadie entraba.
Los días se volvieron indistinguibles. Edrien comía poco. Bebía agua solo cuando la garganta le ardía. A veces hablaba durante horas, a veces guardaba silencio absoluto, observando cada sombra como una amenaza potencial.
—No mires así —dijo una tarde, sin darse cuenta de que había elevado la voz—. No quiero que vean eso.
Colocó una tela ligera sobre el rostro de porcelana, a modo de velo. El gesto fue brusco. Inmediato.
Luego se arrepintió.
<3