—Perdón… —murmuró, retirándolo con cuidado—. Fue un impulso.
Apoyó la frente contra el vidrio frío de la ventana.
—No sé cómo hacer esto bien —confesó—. Nunca tuve que proteger a nadie.
El maniquí permaneció inmóvil.
Pero Edrien sintió, por primera vez, que la quietud no era suficiente. Que algo, en el silencio, empezaba a exigir más.
No una respuesta.
No una palabra.
Una certeza.
Y para obtenerla,
el cuidado ya no bastaba.
<3