Edrien comenzó a contar las horas.
No lo hacía con números, sino con velas. Una, dos, tres… las dejaba consumirse hasta la mitad antes de reemplazarlas, siempre en el mismo orden. No por superstición, se decía, sino por equilibrio. El taller necesitaba equilibrio.
Y Lys también.
Colocó una silla frente a la ventana. Desde ahí podía verla sin esfuerzo, sin tener que girar la cabeza. Desde ahí, el mundo quedaba fuera de su campo de visión.
—Así es mejor —dijo—. No me perderé nada.
Se convenció de que era una precaución temporal. Que pronto volvería a trabajar con normalidad, a salir al mercado, a dormir en su cama. Solo necesitaba asegurarse de que todo estaba… estable.
Las noches se volvieron largas. El sueño llegaba a ráfagas cortas, inquietas. Cada vez que cerraba los ojos, los abría de inmediato, como si temiera que algo cambiara en ese instante mínimo.
—Sigo aquí —murmuraba—. No te he dejado.
<3