—Puedo hacerlo —se aseguró—. No es difícil.
Ese día no comió. No abrió la puerta. Cuando alguien golpeó, permaneció inmóvil hasta que los pasos se alejaron.
—Gracias —susurró, sin saber por qué.
Con el paso de las horas, empezó a notar detalles que antes no veía. Pequeñas sombras en la superficie de la porcelana. Líneas finísimas que aparecían y desaparecían según la luz.
Grietas.
—No —dijo, de inmediato—. No están ahí.
Pasó el pulgar por la mejilla fría. La superficie era lisa. Perfecta.
Aun así, la imagen se quedó clavada en su mente.
—Te estoy mirando —afirmó—. No dejaré que te rompas.
Pero vigilar cansa.
Y el cansancio vuelve torpes incluso a los más cuidadosos.
Edrien comenzó a parpadear más lento. Sus pensamientos se mezclaban. A veces no sabía si había pasado un día o dos desde la última vez que abrió la puerta.
<3