Edrien no supo en qué momento dejó de hablar solo.
Tal vez fue al amanecer, cuando la luz entró torcida por la ventana y le dio al rostro de porcelana un matiz casi tibio. Tal vez fue antes, en alguna de esas horas sin nombre en las que el cansancio borra las fronteras entre pensamiento y sonido.
Estaba sentado frente a Lys, como siempre. Los ojos le ardían. La cabeza le pesaba.
—No he dormido —dijo, sin intención de que la frase significara algo—. Pero estoy bien.
El silencio se estiró.
Entonces ocurrió.
—No tienes que hacerlo.
La voz fue suave. Casi idéntica a como él la había imaginado tantas veces. No vino de un punto claro del taller. No rebotó en las paredes. Simplemente… estuvo.
Edrien se quedó inmóvil.
<3