El crepúsculo de los lobos [saga Resiliencia •2]

Ecos del corazón

~Ciara~

Han pasado semanas desde que cenamos juntas en aquel restaurante. Fue una velada muy emotiva; en varios momentos, Maggie tuvo que detener la conversación, pues su pasado la atormenta. Su madre fue cruel, ya que, para hacerle daño a su padre, los separó cuando Maggie aún era muy niña. Es algo muy injusto.

Esa charla me hizo pensar en mis padres y en que, si tuviera la oportunidad de volver a verlos, la aceptaría sin dudar. Solo para agradecerles la vida que me dieron, su amor y, aunque doloroso, también su sacrificio. Saber lo que Maggie ha sufrido y sigue sufriendo por el hecho de que jamás pudo volver a encontrarse con su padre, me hace sentir afortunada por el tiempo que pude pasar con los míos.

Pero... ¿qué habrá sido de ese hombre? Ya lo tengo. Me gustaría sorprender a Maggie, pero necesito ayuda. Tomé mi teléfono con determinación y marqué el primer número de mi agenda en marcación rápida.

—¿Ciara? ¿Qué ocurre, va todo bien? —preguntó con preocupación al tomar la llamada.

—Hola, Hunter. Sí, todo va bien, lamento haberte asustado. ¿Podemos vernos? Necesito pedirte un favor.

—Por supuesto. Ya sabes que puedes contar siempre conmigo, luna. ¿Dónde nos vemos?

—Te envío mi ubicación por WhatsApp.

—Perfecto, nos vemos al rato —contestó antes de colgar.

Sabía que él tendría contactos por diversas partes del mundo, y era al único a quien podía acudir, porque sola no tengo recursos suficientes para hallar al papá de Maggie.

Una hora exacta después, me encontraba en la cafetería donde habíamos quedado. Lo vi llegar y no tardó ni un segundo en encontrarse con mi mirada. Se acercó sonriente, saludó con dos besos muy cerca de la comisura de mis labios, debo decir, y tomó asiento.

—Me alegra verte —comentó con una sonrisa radiante—. Dime, ¿qué necesitas que haga por ti?

—No es para mí, se trata de Maggie. Parece ser que su madre, para castigar a su padre, la separó de él antes de que cumpliera seis años.

—Grrr —gruñó enojado.

—Hunter... —tomé su mano con suavidad, y eso pareció calmarlo.

—Perdóname. No tolero bien esa clase de crueldad. ¿Cómo pudo hacerle algo así a su hija?

—Lo sé, no te preocupes. Entiendo tu enfado, tienes un corazón noble y eso es una de las tantas cosas que me gustan de ti.

El silencio se hizo entre nosotros por la tensión en el ambiente. Carraspeé, con un ligero rubor cubriendo mis mejillas, y añadí:

—¿Conoces a alguien que pueda ayudarme a encontrar a su padre?

—¿Dónde vivía con sus padres? —inquirió.

—En Illinois.

—Haré una llamada. Casualmente, hay una manada viviendo allá. El alfa de la misma es un buen amigo. ¿Sabes el nombre y apellido?

—Theodore Evans Campbell.

—Perfecto. En cuanto reciba noticias suyas, te llamaré de inmediato.

—Hunter, ¿podría quedar entre nosotros? Es una sorpresa y no me gustaría que llegase a oídos de Maggie antes de tener a su padre frente a ella.

Sonrió con dulzura, tomó mis manos entre las suyas y dijo:

—Claro que sí, descuida. Es un gran gesto lo que estás haciendo. ¿Ves que no todo es tan malo en una vida compartida contigo?

Se estaba conteniendo. Me dio dos besos y, nervioso, se marchó de regreso a la manada. Ahora solo queda esperar.

~Hunter~

Ciara es una mujer cautivadora. Cada vez que tengo la oportunidad de verla, me quita el aliento. No es solo que cada día sea más hermosa, sino su fuerza interior, que se muestra en cada mirada y en cada palabra. Es la seguridad en su voz y la bondad que envuelve su corazón lo que me tiene locamente enamorado. No me cabe la menor duda de que ya no es la chica asustadiza que conocí.

Sí, suena estúpido que, para no perderla para siempre, soporte el dolor de ver a mi alma gemela en los brazos de alguien más. Desde que supe que había otra persona, me he dedicado a mi familia y a la manada. Mis hombres mantienen la ciudad y los bosques protegidos; en las últimas semanas hemos capturado a un considerable número de vampiros y cazadores que la buscan. Personalmente, me he cobrado todas sus vidas; son los principales responsables de que me alejara de ella, y así me aseguro de que no regresen.

Mientras aguardaba mi llegada en la cafetería, estaba siendo vigilada por cazadores ocultos entre los viandantes.

De vez en cuando, mantenemos conversaciones breves por WhatsApp, y me mantiene al tanto de su vida. Sé que es feliz y, por ahora, me basta con eso, pues no he pensado darme por vencido con ella.

Al entrar en mi despacho, levanté el teléfono y llamé a la manada Luna Azul. Hablaré con el alfa, Matthew White.

Tono tras tono. Finalmente, escuché su voz al otro lado.

—¿Sí? —respondió.

—Alfa Matthew, ¿cómo estás?

—Oh, Hunter, qué alegría oírte. Estoy bien, muchacho. Pero dejemos las formalidades, somos amigos. ¿Qué necesitas?

—Muy bien. Verás, necesito un gran favor. Hay alguien que debo encontrar.

—¿De quién se trata? —preguntó con extrañeza.

—Un hombre de Illinois. Su nombre es Theodore Evans Campbell.

—¿Campbell? ¿Por qué necesitas encontrarlo?

Respiré hondo antes de continuar.

—Es el padre de una amiga. Fueron separados injustamente antes de que ella cumpliera seis años.

Matthew guardó silencio por un momento, reflexionando sobre lo que le había dicho.

—¿No lo buscó? —inquirió finalmente.

—Sí, lo hizo, pero nunca tuvo la suerte de reencontrarse con él. Ha sido una herida abierta toda su vida.

—Entiendo. Pondré a mis chicos a buscarlo entre los humanos. Haremos todo lo que podamos para hallarlo —contestó con determinación.

—Gracias, Matthew. Significa mucho.

—Hunter, para eso estamos, lo que necesites. Haré lo que esté a mi alcance. Te llamaré en cuanto tengamos noticias.

—Lo aprecio, amigo. De verdad —dije antes de colgar la llamada y continuar con mi día en la manada.

~Stephan~




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