Narrador
Mientras Lyra se retorcía en el suelo de su cuarto, convencida de que el calor le quemaría el pecho por completo, la magia de la runa no se quedó encerrada entre las cuatro paredes de su casa.
La marca que había dibujado con tanta precisión mandó un temblor invisible que subió directo hacia el cielo, atravesando las nubes grises de Tierra Firme hasta llegar a una isla flotante abandonada, lejos de los dominios y la vigilancia de la Casa Azazel y demás casas.
Allí arriba, en una cumbre solitaria cubierta de musgo que todos creían que era solo una montaña de roca, ocurrió lo impensable.
De repente, un ruido seco retumbó en toda la isla.
La tierra tembló suavemente y varios pedazos de piedra cayeron al vacío. La capa de tierra y polvo de miles de años empezó a romperse.
Con un crujido pesado, como el de dos rocas grandes chocando entre sí, la piedra del frente se abrió.
Por primera vez en muchísimo tiempo, un gigante abrió los ojos.
Una luz dorada brilló desde el fondo de sus cuencas de piedra, y su mirada se fijó directo abajo, hacia el pueblo de Tierra Firme. La magia del cielo había despertado, y con ella, el primer gigante estaba de vuelta. Bien dicen que la curiosidad mató al gato, y tal vez mate a Lyra.
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Editado: 17.09.2026