El Cuarto Trazo: El despertar

CAPITULO 9: EL TRAIDOR

VALEN AZAZEL

Las corrientes de aire helado que cruzaban los pasillos de la fortaleza de Azazel siempre me habían parecido reconfortantes, pero hoy solo traían un presagio pesado. Caminé con paso firme hacia el Gran Salón de los Vientos, ajustando el broche que sujetaba mi capa. Como heredero del linaje de la Gran Casa Azazel, siempre era convocado a las reuniones que se llevaban a cabo.

​Al cruzar los enormes arcos de hierro, me encontré con la silueta de mi padre, Aurelius, de pie frente al balcón que daba al vacío. Sus ojos grises, fríos como la niebla de la mañana, no tardaron en clavarse en mí.

​—Valen —dijo su voz, retumbando como un trueno distante en el salón—Se acabaron las especulaciones. Finalmente tenemos el rastro.

​Me detuve a dos pasos de distancia y bajé levemente la cabeza en señal de respeto.

​—¿Se trata del traidor, padre?

​—Así es —respondió apretando los puños a su espalda—Los informantes en Tierra Firme confirman que el escurridizo ladrón fue visto con vida. Se atrevió a cruzar el límite inferior llevando consigo la reliquia más sagrada de nuestra dinastía: el Libro Madre.

​Sentí una punzada de tensión en el pecho. El Libro Madre no era simplemente un texto antiguo de la biblioteca; era la fuente directa de los trazos primordiales del Krakor, la pieza de la que dependía la supremacía y la enseñanza de nuestra casa noble además de tener escritos de runas de fuego. Que esa masa de pergamino estuviera en manos de un marginado era un insulto intolerable para nuestra sangre.

​—¿En dónde lo ubicaron? —pregunté, manteniendo el tono neutral que mi padre siempre exigía.

​—En el sector campesino de abajo —dijo mirando hacia el abismo cubierto de nubes— En un miserable y nauseabundo pueblo de barro llamado Oakhaven. Las naves exploradoras detectaron una alteración leve en la red rúnica cerca de ese lugar hace apenas unas horas.

​​—Iré de inmediato —declaré sin dudar— Prepararé el barco de la guardia para bajar a Tierra Firme. Recuperaré el libro y traeré la cabeza del traidor antes del anochecer.

​Lord Aurelius asintió despacio, con una mirada cargada de autoridad

​—Hazlo, Valen. No podemos permitir que ese conocimiento toque las manos de la plebe.




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