El Cuarto Trazo: El despertar

CAPITULO 13: EL CAPITÁN

LYRA

El olor a pescado seco y grasa de motor ya me tenía mareada, pero lo peor vino cuando un par de botas pesadas pisaron justo al lado de mi escondite.

​Una mano tosca movió una de las cajas de madera, dejando entrar la luz del sol directo a mis ojos. Me encogí lo más que pude, pero fue inútil.

​—¡Auxilio, una ladrona! —gritó un hombre alto , dando un salto hacia atrás como si le hubiera salido una serpiente entre los barriles.

​—¡No soy una ladrona, por favor no grites! —supliqué entre dientes, levantando las manos rápido mientras intentaba cubrir el libro con mi chaqueta.

​—¡Eso diría una ladrona! —remató él con cero dudas, alzando la voz aún más para que resonara por toda la nave.

​Antes de que pudiera salir corriendo, unos brazos enormes me sujetaron por los hombros y me levantaron del suelo como si fuera un saco de papas. Otro sujeto cubierto de hollín me arrastró fuera de la bodega, sacándome a la cubierta exterior bajo el viento helado de las alturas.

​—Mire, capitán Jax, atrapamos a una polizón —dijo el hombre que estaba cubierto de grasa, soltándome de un empujón sobre la madera de la cubierta.

​Caí de rodillas, raspándome las manos, pero me levanté de inmediato echando chispas.

​Frente a mí avanzaba un chico alto, de hombros relajados y cabello castaño tan despeinado que parecía no haber visto un peine en años. Llevaba una chaqueta de cuero que le quedaba un poco grande y unos guantes sin dedos. Al acercarse, me clavó una mirada fija con unos ojos de un azul helado y profundo.

​—Vaya, vaya... ¿nos querías robar? —dijo con una sonrisa torcida, cruzándose de brazos con la tranquilidad de quien está paseando por un jardín.

​—Claro que no, yo simplemente... —empecé a decir, tratando de tragarme la rabia.

​—¿Simplemente te colaste en mi barco, usaste mi bodega como hotel y te escondiste entre mi pescado seco por puro gusto? —interrumpió el famoso Jax, arqueando una ceja con aire divertido—Qué detalle tan bonito, pero la estancia aquí no es gratis, muchacha.

​—¡Que no soy una ladrona! —exclamé con los puños apretados, sintiendo cómo el calor se me subía a las mejillas—¡Estaba huyendo de los guardias de Azazel! Si no me escondía ahí abajo, me habrían atrapado. ¿Acaso parece que me esté llevando algo tuyo?

​Jax bajó la vista hacia mis manos temblorosas y luego miró el bulto sospechoso que apretaba rabiosamente contra mi costado.

​—Bueno —dijo, dando un paso lento hacia mí sin perder esa maldita sonrisa burlona—considerando que traes algo bastante pesado oculto bajo el brazo y la cara de culpabilidad más grande que he visto en todo el mes... yo diría que sí, parece exactamente que te estás llevando algo. Y de mi barco no sale nada sin que yo me entere.

Apreté el bulto contra mis costillas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. La sonrisa burlona de Jax no se borraba con nada, y la tripulación entera ya nos tenía rodeados.

​—Es un libro familiar —solté de golpe, clavándole la mirada más desafiante que pude poner—Mi padre me echó de la casa esta mañana y esto es lo único que pude llevarme. Es privado, así que ni se te ocurra pedirme que te lo muestre, y la guarda me perseguía porque estaban buscando algo que no se que es, entonces tal vez pensaron que yo lo tenía

​Jax soltó una risita seca y dio un paso más hacia mí, inclinándose ligeramente.

​—¿Tu papá te echó y mágicamente terminaste en mi barco justo cuando la guardia imperial peinaba el pueblo? Vaya coincidencia tan conveniente...

​—¡Es la verdad! —interrumpí con la voz quebrada por la rabia y el cansancio— Discutimos, me dijo que no quería volver a verme y me fui ¿Contento? No vine a robarte nada, solo quería salir de ese maldito pueblo antes de que fuera tarde.

​Antes de que el capitán de quinta pudiera soltar otro de sus comentarios sarcásticos, una voz firme resopló desde el puente superior.

​—Déjala en paz, Jax.

​Una chica alta, de postura recta y con la cabeza rapada a los lados, bajó por las escaleras de madera con pasos pesados. Traía unos pantalones rígidos de trabajo y unos tirantes sueltos que le daban un aire imponente. Cruzó los brazos sobre el pecho y me examinó de arriba abajo con unos ojos oscuros que no reflejaban burla, sino una comprensión pesada.

​—Kira, no me digas que te vas a tragar el cuento del drama familiar —protestó Jax, girándose hacia ella con los brazos abiertos— Es una polizón. Las reglas son claras: polizón que encontramos, polizón que va para abajo.

​—Dije que la dejes —repitió Kira con un tono que hizo que el propio capitán borrara la sonrisa por medio segundo—Sé perfectamente lo que es que te echen a la calle sin nada más que lo que llevas puesto. No vamos a tirar a una muchacha al vacío solo porque a ti te da paranoica la guardia.

​—No es paranoia, Kira, es cautela—refunfuñó él, rodando los ojos—Nos puede meter en un problema gigante.

​—La nave también es mía y yo digo que se queda —sentenció Kira, dándole la espalda a Jax para mirarme a mí—Te quedarás como ayudante hasta que lleguemos al próximo puerto. Vas a limpiar la cubierta, cargar sacos y ganarte la comida. ¿Entendido?

​Tragué saliva, sintiendo cómo el corazón me volvía al pecho, y asentí de inmediato.

​—Entendido. Gracias.

​Kira me sostuvo la mirada un segundo más y luego le dio un empujón suave a al chico cubierto de grasaen el hombro.

​—Consíguele un trapo y un balde. Y tú, Jax, vuelve al timón antes de que las corrientes nos lleven directo contra un risco.

— como se llaman?

Kira soltó un suspiro, como si llevara el peso de toda la nave encima, y señaló con el pulgar hacia atrás.

​—Yo soy Kira, la primera oficial y la que evita que esta nave se caiga a pedazos. El que te agarró abajo es Tarek, el mecánico, aquel que grito cuando te vio es Nilo, el navegante —continuó Kira, señalando a un chico de chaqueta llena de bolsillos que ni se molestó en mirarme — Y la que está colgada en el mástil es Lia, la vigía.




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