El cielo se había vuelto completamente negro.
Asterion avanzaba entre las nubes, llevando sobre su enorme lomo a Morgana y Adrián. Nox y Ébano viajaban entre sus alas, aferrados al pelaje mágico que cubría su cuello.
A lo lejos apareció una montaña gigantesca.
Su cima estaba rodeada de fuego.
—El Volcán del Alba —dijo Asterion—. Allí duerme la última reliquia.
Adrián observó las llamas.
—¿Qué nos espera allí?
—La Llama Eterna no se entrega a cualquiera —respondió Morgana—. Tendremos que demostrar que somos dignos de ella.
Cuando aterrizaron, una ráfaga de calor los envolvió.
En la entrada del volcán había una enorme puerta de obsidiana. Sobre ella estaban grabadas tres figuras: un cuervo, un gato y una bruja.
Morgana acercó la mano.
La puerta se abrió lentamente.
Dentro, un túnel iluminado por ríos de lava descendía hacia las profundidades.
Caminaron durante horas hasta llegar a una enorme cámara circular.
En el centro flotaba una pequeña llama dorada.
No producía calor.
Era hermosa y silenciosa.
—La Llama Eterna... —susurró Adrián.
Pero antes de que pudiera acercarse, una voz resonó desde las paredes.
—Para obtenerla, deberán entregar aquello que más desean conservar.
Morgana se quedó inmóvil.
Adrián apretó los puños.
—¿Qué significa eso?
Las llamas comenzaron a rodearlos.
Frente a Morgana apareció la imagen de sus padres.
Frente a Adrián apareció una vida tranquila junto a su familia.
Y frente a Nox y Ébano apareció una casa cálida donde nunca volverían a conocer el miedo.
Asterion comprendió la prueba.
—No les está pidiendo un sacrificio físico.
Morgana miró las ilusiones con lágrimas en los ojos.
—Nos pide que renunciemos a nuestros deseos.
Adrián respiró profundamente.
—Entonces debemos elegir.
Morgana tomó su mano.
—Juntos.
Uno por uno, comenzaron a alejarse de las ilusiones.
Las imágenes se desvanecieron.
La pequeña llama dorada descendió lentamente hasta las manos de Morgana.
Pero en cuanto la tocó, una explosión sacudió el volcán.
Desde las profundidades surgió una figura cubierta de sombras.
Corvus apareció volando desesperadamente.
—¡Morgana! ¡Adrián! ¡Tenemos que irnos!
—¿Qué sucede?
El cuervo miró hacia la criatura.
—El Rey de las Sombras ha enviado a su general.
La figura levantó la cabeza.
Dos ojos rojos brillaron entre las llamas.
—Entreguen las tres reliquias...
La criatura sonrió.
—O destruiré el mundo antes del amanecer.
Morgana sostuvo la Llama Eterna con fuerza.
Ahora tenían las tres reliquias.
Pero también tenían un enemigo que parecía imposible de vencer.
Y el verdadero enfrentamiento apenas comenzaba.