Todo quedó en silencio.
Las llamas del castillo se habían apagado y ni siquiera la luna podía atravesar la oscuridad.
Morgana permanecía de pie frente a la mujer de ojos blancos.
—Si eres la Madre de la Magia —dijo—, ¿por qué quieres destruir nuestro mundo?
La mujer la observó con una expresión imposible de comprender.
—No quiero destruirlo. Quiero recuperarlo.
Levantó una mano.
De inmediato, las tres reliquias comenzaron a elevarse.
La Corona de Espinas tembló.
El Espejo de Plata emitió un sonido cristalino.
La Llama Eterna comenzó a apagarse.
—¡No! —gritó Adrián.
Corrió hacia la Llama, pero una fuerza invisible lo lanzó contra una columna.
—¡Adrián! —Morgana corrió hacia él.
—Estoy bien...
El joven intentó levantarse.
Entonces Nox y Ébano comenzaron a brillar.
Sus ojos dorados se transformaron en dos pequeñas lunas.
Corvus abrió las alas sorprendido.
—No puede ser...
Morgana lo miró.
—¿Qué sucede?
—Los gatos del Eclipse.
Nox se adelantó.
—Pensábamos que éramos simples gatos.
Ébano movió la cola.
—Nosotros también.
Una luz plateada rodeó a los dos hermanos felinos.
La Madre de la Magia retrocedió por primera vez.
—Ustedes...
Nox y Ébano se colocaron a ambos lados de Morgana.
—No vas a llevártela.
La mujer los observó durante varios segundos.
—Así que finalmente despertaron.
Morgana sintió que una nueva energía recorría su cuerpo.
—¿Qué significa esto?
Corvus respondió:
—Los gatos del Eclipse fueron creados para proteger al último guardián cuando toda esperanza desapareciera.
Morgana miró a sus compañeros.
El cuervo.
Los dos gatos.
Adrián.
Asterion.
Incluso el antiguo Rey de las Sombras.
Ya no estaba sola.
La Madre de la Magia extendió ambas manos.
—Entonces demuéstrenme que este mundo merece conservar su magia.
El cielo se abrió.
Miles de criaturas hechas de luz roja comenzaron a descender sobre el castillo.
Adrián tomó la Espada del Alba.
Asterion extendió sus alas.
Darian levantó su espada.
Morgana sostuvo el bastón con ambas manos.
Y Nox y Ébano dejaron escapar un rugido que no parecía pertenecer a dos pequeños gatos.
La batalla final había comenzado.
Pero ninguno de ellos sabía que la verdadera prueba no consistiría en vencer a la Madre de la Magia...
sino en convencerla de que los humanos y las criaturas mágicas todavía podían vivir juntos.