El cielo continuaba rompiéndose.
Una enorme grieta blanca atravesaba las nubes de un extremo al otro. De ella no salía oscuridad, sino una luz tan intensa que obligaba a todos a cubrirse los ojos.
La Madre de la Magia permanecía inmóvil.
Por primera vez, Morgana pudo ver miedo en su rostro.
—¿Quién es? —preguntó Adrián.
La mujer tardó en responder.
—Mi creador.
Un estruendo sacudió las montañas.
Entonces apareció una figura al otro lado de la grieta.
Era un hombre alto, vestido con una túnica blanca. Su cabello parecía estar formado por estrellas y sus ojos brillaban como dos soles.
Pero lo más extraño era que, donde caminaba, la magia desaparecía.
Corvus bajó la cabeza.
—El Arquitecto...
Morgana frunció el ceño.
—¿Ese es su nombre?
—No —respondió Corvus—. Es el nombre que le dieron los primeros guardianes. Nadie conoce su verdadero nombre.
El Arquitecto descendió lentamente del cielo.
—Madre de la Magia.
La mujer dio un paso atrás.
—Creí que habías desaparecido.
—Nunca desaparecí. Solo observé.
Su mirada pasó por todos ellos hasta detenerse en Morgana.
—Y ahora veo que has creado una nueva guardiana.
Morgana levantó su bastón.
—No voy a permitir que destruyas este mundo.
El Arquitecto sonrió.
—No deseo destruirlo.
Adrián apretó la espada.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Quiero recuperar mi creación.
Señaló a la Madre de la Magia.
—La magia debía regresar a su origen hace miles de años. Pero ella se negó a obedecer.
La Madre de la Magia levantó la voz.
—¡Porque los seres de este mundo aprendieron a utilizarla para protegerse!
—Y también para destruirse —respondió el Arquitecto.
El silencio cayó sobre todos.
Morgana miró las tres reliquias.
Comprendió entonces que la batalla que habían enfrentado hasta ese momento solo había sido el principio.
El Arquitecto extendió una mano.
Las reliquias comenzaron a elevarse.
La Corona de Espinas.
El Espejo de Plata.
La Llama Eterna.
Morgana intentó sujetarlas, pero una fuerza invisible la apartó.
Adrián corrió hacia ella.
—¡Morgana!
La bruja cayó al suelo.
La estrella plateada de su frente comenzó a brillar.
El Arquitecto se detuvo.
—Interesante.
Morgana se levantó lentamente.
—¿Qué?
—La magia te ha elegido por completo.
Corvus abrió los ojos.
—Entonces existe una posibilidad...
Morgana lo miró.
—¿Cuál?
El cuervo sonrió.
—No tenemos que derrotarlo.
Tenemos que demostrarle que la magia ya no le pertenece.
La estrella sobre la frente de Morgana brilló con una intensidad cegadora.
Todos los seres mágicos del mundo comenzaron a sentirla.
Dragones.
Brujas.
Guardianes.
Criaturas ocultas.
Incluso los humanos que poseían una pequeña chispa de magia.
Todos levantaron la mirada hacia el cielo.
Y por primera vez, la magia dejó de pertenecer a un creador.
Comenzó a pertenecer a todos.
El Arquitecto observó el fenómeno en silencio.
Entonces sonrió.
—Ahora sí...
La verdadera prueba puede comenzar.