La noche había caído sobre el bosque.
Morgana no podía dormir.
Desde que había leído la última profecía, una sensación extraña había permanecido en su corazón.
La puerta se abrirá cuando la guardiana encuentre aquello que su corazón ha estado buscando.
Se levantó de la cama y salió de la cabaña.
Nox y Ébano dormían junto a la chimenea, pero despertaron inmediatamente.
—¿A dónde vas? —preguntó Nox.
—No lo sé —respondió Morgana—. Solo siento que debo caminar.
Los dos gatos la siguieron.
Al llegar al borde del bosque, una luz dorada apareció entre los árboles.
Morgana se detuvo.
La puerta.
Era exactamente igual a la que había visto en el libro.
Alta, cubierta de símbolos antiguos y rodeada de pequeñas estrellas que flotaban en el aire.
Adrián apareció detrás de ella.
—Sabía que vendrías aquí.
Morgana se volvió.
—¿Cómo me encontraste?
Él sonrió.
—Nox dejó huellas de luz por todo el camino.
El gato miró hacia otro lado.
—Fue sin querer.
Ébano soltó una pequeña carcajada.
Morgana volvió a mirar la puerta.
—Tengo miedo.
Adrián se acercó.
—Yo también.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Tú?
—Claro. Pero tener miedo no significa que debamos retroceder.
Morgana tomó su mano.
Juntos se acercaron a la puerta.
Los símbolos comenzaron a iluminarse.
Entonces una voz surgió desde el interior:
—Morgana, hija de la última sangre... ¿estás preparada para conocer la verdad?
La bruja sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Sí.
La puerta se abrió.
Al otro lado no había un reino de magia.
Había una enorme ciudad suspendida en el cielo.
Torres doradas flotaban entre nubes violetas. Dragones de cristal cruzaban el firmamento y cientos de criaturas caminaban por puentes hechos de luz.
Pero había algo más.
En el centro de aquella ciudad se encontraba una torre blanca.
Sobre su cima brillaba un símbolo idéntico al que Morgana llevaba en la frente.
Eldric apareció detrás de ellos.
Su expresión era de absoluto asombro.
—No puede ser...
—¿Qué ocurre? —preguntó Adrián.
Eldric señaló la torre.
—Ese lugar desapareció hace más de mil años.
Morgana dio un paso hacia delante.
—¿Qué es?
El antiguo guardián tragó saliva.
—El hogar de tu verdadera familia.
Morgana quedó paralizada.
Entonces una figura apareció en lo alto de la torre.
Una mujer de cabello oscuro.
Una mujer que Morgana reconocería incluso después de mil años.
La puerta dorada se cerró detrás de ellos