La puerta dorada comenzó a cerrarse.
—¡Morgana! —gritó Adrián.
Ella reaccionó rápidamente y corrió hacia el interior.
Nox y Ébano la siguieron.
Eldric cruzó justo antes de que la puerta desapareciera.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Morgana solo podía mirar la torre blanca.
La figura que se encontraba sobre ella comenzó a descender lentamente por una escalera de luz.
Cada paso hacía que el corazón de Morgana latiera más rápido.
Cuando finalmente estuvo frente a ella, Morgana apenas pudo pronunciar una palabra.
—Mamá...
La mujer sonrió con lágrimas en los ojos.
—Mi pequeña Morgana.
Morgana corrió hacia ella.
Se abrazaron.
Durante años había imaginado aquel momento.
Había pensado que su madre estaba muerta.
Había llorado por ella.
Había aprendido a vivir sin sus consejos, sin sus abrazos y sin escuchar su voz.
Pero ahora estaba allí.
Viva.
—¿Por qué me abandonaste? —preguntó Morgana entre lágrimas.
Su madre la abrazó con más fuerza.
—Nunca te abandoné.
—Entonces, ¿por qué no regresaste?
La mujer bajó la mirada.
—Porque si regresaba, ellos te encontrarían.
—¿Quiénes?
Antes de que pudiera responder, el cielo de la ciudad comenzó a oscurecerse.
Los dragones de cristal huyeron.
Las torres doradas comenzaron a temblar.
Eldric levantó la mirada.
—No...
Una grieta negra apareció sobre la ciudad.
La madre de Morgana tomó su rostro entre las manos.
—Hija, tienes que escucharme. No tenemos mucho tiempo.
—¿Qué está pasando?
—El Arquitecto no fue el único ser que existía antes de la magia.
Morgana sintió un escalofrío.
—¿Hay alguien más?
Su madre asintió.
—Algo despertó cuando la magia se repartió entre todos los seres del mundo.
Adrián desenvainó la Espada del Alba.
—¿Qué cosa?
La mujer miró hacia la grieta.
—El Vacío.
Un rugido atravesó el cielo.
Morgana apretó el bastón.
—Entonces lucharemos.
Su madre negó con la cabeza.
—No puedes vencerlo luchando.
—¿Entonces cómo?
La mujer miró la estrella plateada sobre la frente de su hija.
—Porque tú no eres solamente la última guardiana.
Hizo una pausa.
—Eres la primera heredera de la magia.
Morgana quedó inmóvil.
La grieta comenzó a abrirse todavía más.
Y desde su interior apareció un enorme ojo completamente negro.
La criatura del Vacío había despertado.