Las criaturas del Vacío comenzaron a descender sobre la ciudad.
No tenían rostro ni forma definida. Eran como manchas de oscuridad que se movían entre los edificios dorados, devorando todo aquello que tocaban.
Los dragones de cristal levantaron el vuelo.
—¡Protejan la ciudad! —gritó la madre de Morgana.
Asterion lanzó un rugido y se elevó hacia el cielo.
Sus alas azules dejaron un rastro de luz mientras enfrentaba a las criaturas.
Adrián levantó la Espada del Alba.
—¡Morgana, dime qué hacer!
Ella cerró los ojos.
Podía sentir la magia de todo el mundo.
Cada bruja.
Cada criatura.
Cada pequeño ser que llevaba una chispa mágica dentro de su corazón.
—No tenemos que luchar solos —dijo.
Extendió ambas manos.
La red de luz que había creado comenzó a crecer.
Desde los bosques llegaron los espíritus de los árboles.
Desde los océanos surgieron criaturas marinas.
Los dragones descendieron de las montañas.
Incluso pequeños seres mágicos que jamás habían participado en una batalla aparecieron para defender su hogar.
La ciudad entera comenzó a brillar.
Eldric observó maravillado.
—Has unido a todos.
Morgana sonrió.
—No. Ellos decidieron unirse.
Una criatura del Vacío se lanzó contra ella.
Antes de alcanzarla, Nox y Ébano saltaron al frente.
Sus cuerpos se transformaron.
Durante unos segundos dejaron de parecer gatos.
Se convirtieron en dos enormes felinos de luz plateada.
—¡Nox! —exclamó Morgana.
—Te dijimos que éramos más de lo que parecíamos —respondió él.
Ébano rugió.
—¡Y todavía no has visto todo!
Los dos felinos atacaron juntos.
Una explosión plateada iluminó el cielo.
Las criaturas del Vacío retrocedieron.
Pero entonces el enorme ojo negro apareció nuevamente sobre la ciudad.
La voz del Vacío resonó dentro de las mentes de todos:
—Pueden reunir toda la luz que quieran.
La oscuridad cubrió el cielo.
—Todo lo que nace... algún día desaparece.
Morgana sintió miedo.
Por primera vez, no sabía qué hacer.
Su madre se acercó y tomó su mano.
—No tengas miedo.
—¿Y si no puedo salvarlos?
—No tienes que salvarlos sola.
Adrián se colocó a su lado.
—Estamos contigo.
Eldric levantó su antiguo bastón.
Asterion descendió junto a ellos.
Nox y Ébano regresaron a su forma original.
Todos se colocaron alrededor de Morgana.
La estrella plateada de su frente comenzó a brillar.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Una segunda estrella apareció en el cielo.
Después una tercera.
Luego miles.
El mundo entero comenzó a responder.
Morgana comprendió el mensaje.
El Vacío quería demostrar que todo estaba destinado a desaparecer.
Pero ellos habían elegido permanecer juntos.
La bruja levantó las manos.
—Entonces hagamos que esta luz sea eterna.
Las estrellas descendieron.
Una enorme esfera de luz rodeó la ciudad.
El Vacío lanzó un grito.
Y por primera vez...
la grieta comenzó a cerrarse.
Pero desde el interior de aquella oscuridad, una última figura apareció.
Una silueta humana.
Morgana abrió los ojos.
—¿Quién es?
La figura levantó lentamente el rostro.
Y ella reconoció esos ojos.
Eran los ojos de su padre.