Las dos Morgana permanecieron frente a frente.
Una llevaba la estrella plateada.
La otra, la estrella negra.
El silencio del palacio era tan profundo que podía escucharse la respiración de todos.
—¿Por qué me llamaste hermana? —preguntó Morgana.
La otra sonrió.
—Porque compartimos el mismo origen.
Levantó una mano y una imagen apareció entre ellas.
Dos niñas aparecieron dentro de una esfera de luz.
Una creció rodeada de personas que la amaban.
La otra creció sola, aprendiendo a sobrevivir en un mundo que le tenía miedo.
—Cuando llegó el momento de elegir —continuó la otra Morgana—, nuestros caminos se separaron.
Morgana negó con la cabeza.
—Pero tú elegiste convertirte en reina.
—Porque nadie vino a salvarme.
Sus palabras hicieron que Morgana guardara silencio.
Adrián dio un paso adelante.
—Eso no justifica todo lo que hiciste.
La otra Morgana lo miró.
—Tal vez no.
Bajó la espada.
—Pero ahora tengo la oportunidad de cambiarlo.
Morgana la observó sorprendida.
—¿Entonces no viniste a luchar?
—Vine a pedirte algo.
—¿Qué?
La otra Morgana señaló la estrella plateada.
—Necesito tu ayuda.
De pronto, el palacio comenzó a temblar.
Una grieta apareció en el techo.
La reina de los Mundos Perdidos levantó la mirada.
—No...
Una enorme sombra comenzó a descender desde la grieta.
Eldric palideció.
—Es imposible.
—¿Qué ocurre? —preguntó Adrián.
Eldric señaló la oscuridad.
—El Vacío.
Morgana sintió que la pequeña chispa negra de su palma comenzaba a arder.
—Pero lo vencimos.
La otra Morgana negó con la cabeza.
—No.
Su expresión se volvió seria.
—Solo lo expulsamos de nuestro mundo.
La sombra abrió un enorme ojo.
—Dos Morgana. Dos mundos. Una sola puerta.
El palacio comenzó a desmoronarse.
Morgana tomó la mano de su otra versión.
—Entonces lucharemos juntas.
La otra Morgana la miró sorprendida.
—¿Confías en mí?
Morgana sonrió.
—Todavía no.
Apretó su mano.
—Pero quiero darte la oportunidad de demostrarme que puedo hacerlo.
Las dos estrellas comenzaron a brillar.
Una plateada.
Una negra.
Y ambas luces se entrelazaron.
El Vacío lanzó un rugido.
Por primera vez, retrocedió.
La Reina de los Mundos Perdidos levantó su corona.
—Ahora entiendo...
Morgana la miró.
—¿Qué?
—La profecía nunca hablaba de una guardiana.
Sonrió.
—Hablaba de dos.
Las dos hermanas levantaron sus manos.
Y detrás de ellas apareció un enorme portal.
Al otro lado se veía un mundo en llamas.
El mundo de la otra Morgana.
Morgana respiró profundamente.
—Vamos a salvarlo.
Adrián sonrió.
—Juntos.
Y todos atravesaron el portal.
Sin saber que, al otro lado, alguien los estaba esperando.
Alguien que conocía perfectamente a las dos Morgana.
Y que había sido quien provocó su separación desde el principio.