Morgana atravesó la puerta.
Durante unos segundos no sintió nada.
Después escuchó un sonido lejano.
Un canto.
Cuando abrió los ojos, se encontró en un bosque cubierto de flores plateadas. Los árboles eran enormes y sus ramas flotaban en el aire como si no existiera la gravedad.
Su hermana apareció a su lado.
—¿Dónde estamos?
Eldric miró alrededor.
—En el Mundo Intermedio.
Adrián señaló el cielo.
—¿Por qué no hay sol?
Morgana levantó la mirada.
No había sol.
Solo una enorme luna blanca que ocupaba casi todo el cielo.
Nox olfateó el aire.
—Hay alguien cerca.
Ébano se puso en alerta.
—No estamos solos.
De entre los árboles comenzaron a aparecer figuras.
Eran personas.
Pero parecían hechas de luz.
Una anciana se acercó lentamente.
Llevaba un vestido azul oscuro y un bastón de cristal.
—Han tardado mucho en regresar.
Morgana frunció el ceño.
—¿Nos conoces?
La anciana sonrió.
—Conozco a todas las guardianas.
Miró a las dos hermanas.
—Y ustedes son las últimas.
La otra Morgana dio un paso adelante.
—¿Qué es este lugar?
La anciana señaló el bosque.
—Aquí viven aquellos que fueron olvidados por sus propios mundos.
Morgana vio criaturas escondidas entre los árboles.
Un dragón sin alas.
Una sirena con cola de cristal.
Un grupo de pequeños espíritus.
Incluso había brujas que llevaban siglos desaparecidas.
—¿Por qué fueron olvidados? —preguntó Morgana.
La anciana bajó la mirada.
—Porque cuando la magia cambió, algunos seres quedaron atrapados entre los mundos.
Morgana sintió tristeza.
—Entonces tenemos que ayudarlos.
La anciana la observó.
—Eso es exactamente lo que esperaba escuchar.
Pero antes de continuar, un fuerte estruendo sacudió el bosque.
Las flores plateadas se cerraron.
Los espíritus huyeron.
Una enorme sombra apareció entre los árboles.
La anciana apretó su bastón.
—Ha despertado.
Morgana levantó el suyo.
—¿Quién?
La anciana miró hacia la oscuridad.
—El primer ser que fue olvidado.
Una criatura gigantesca salió del bosque.
Tenía cuerpo de dragón, alas de sombra y ojos dorados.
Pero lo más extraño era que llevaba una corona.
Morgana sintió que la estrella de su frente comenzaba a arder.
La criatura la miró.
—Finalmente has venido, heredera de Lyra.
Morgana dio un paso atrás.
—¿Quién eres?
El dragón inclinó la cabeza.
—Soy el rey del Mundo Intermedio.
Su mirada pasó de Morgana a su hermana.
—Y he estado esperando a las dos.
La puerta detrás de ellos se cerró.
La anciana susurró:
—Ahora comienza la verdadera prueba.
Morgana apretó la mano de Adrián.
Su hermana levantó la espada.
Y el enorme dragón abrió sus alas.
—Para salir de este mundo, deberán descubrir por qué fueron creadas.
Las dos hermanas se miraron.
Por primera vez, ninguna sabía qué responder.