El ejército de guerreros de cristal descendió desde el cielo.
Sus armaduras reflejaban las estrellas y sus espadas parecían hechas de hielo.
Morgana se colocó delante de Elara.
A su lado estaban Adrián, su hermana, Lyra, Asterion, Nox y Ébano.
La Reina del Primer Mundo descendió lentamente.
—Entréguenme a la niña y nadie tendrá que morir.
Morgana levantó su bastón.
—No.
La reina sonrió.
—Entonces perderás todo lo que amas.
Con un movimiento de su mano, los guerreros atacaron.
Asterion lanzó un rugido y abrió sus enormes alas.
Una llamarada atravesó el cielo.
Adrián corrió hacia el primer grupo de guerreros, mientras la otra Morgana levantaba una barrera oscura.
—¡Por aquí! —gritó.
Nox y Ébano se transformaron en enormes felinos de luz y comenzaron a derribar guerreros.
Lyra protegía a Elara.
—No tengas miedo.
—No tengo miedo, mamá.
Elara miró a Morgana.
—Ella no quiere mi poder.
Morgana esquivó un ataque.
—¿Entonces qué quiere?
—Quiere abrir la puerta hacia el Primer Corazón.
Morgana se quedó inmóvil.
—¿Para controlarlo?
Elara asintió.
—Si lo consigue, podrá controlar todos los mundos.
La Reina apareció detrás de Morgana.
—Exactamente.
Morgana se giró justo a tiempo para bloquear su ataque.
El choque de ambas magias hizo temblar el suelo.
—Tú eres la última guardiana —dijo la reina—. Deberías comprender que alguien tiene que gobernar.
Morgana negó con la cabeza.
—No.
La reina volvió a atacar.
—Sin un gobernante, los mundos se destruirán.
Morgana recordó todo lo que había vivido.
El Vacío.
Las dos Morgana.
Su padre.
Lyra.
Elara.
Y comprendió algo.
—Los mundos no necesitan una reina.
Una luz plateada apareció alrededor de ella.
—Necesitan libertad.
La otra Morgana se unió a su lado.
—Y equilibrio.
Lyra tomó la mano de Elara.
—Y esperanza.
Elara levantó su pequeña estrella.
—Y alguien que recuerde que todos pertenecemos al mismo universo.
Las cuatro luces se unieron.
La Reina del Primer Mundo retrocedió.
—¡No!
Una gigantesca onda de energía atravesó el campo de batalla.
Los guerreros de cristal dejaron caer sus armas.
Sus cuerpos comenzaron a convertirse en polvo de estrellas.
La reina cayó de rodillas.
Pero en lugar de atacarla, Morgana se acercó.
—Todavía puedes elegir.
La reina levantó la mirada.
—¿Elegir?
—Sí.
Morgana extendió la mano.
—Puedes seguir intentando controlar los mundos...
Hizo una pausa.
—O puedes ayudarnos a protegerlos.
La reina miró aquella mano durante largo tiempo.
Finalmente, una lágrima recorrió su rostro.
Y tomó la mano de Morgana.
Pero en ese instante, una enorme grieta apareció en el cielo.
Todos levantaron la mirada.
Elara palideció.
—Eso no es magia.
Morgana sintió un frío profundo.
Desde la grieta comenzó a surgir una oscuridad desconocida.
Una voz resonó en todos los mundos:
—El verdadero enemigo acaba de despertar.
Las estrellas desaparecieron.
Y, por primera vez, incluso el Vacío guardó silencio.