El silencio se apoderó del corazón del Devorador.
Morgana miraba a la mujer que había aparecido detrás de la puerta.
Era idéntica a Lyra.
Pero su presencia era completamente diferente.
Oscura.
Fría.
Peligrosa.
La verdadera Lyra dio un paso hacia ella.
—No puede ser...
La otra sonrió.
—¿Por qué te sorprendes? Tú misma me creaste.
Morgana frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La sombra de Lyra levantó su espada.
—Cuando la primera guardiana dividió su poder, no solo creó luz.
Miró al Devorador.
—También creó aquello que quería olvidar.
El Devorador retrocedió.
—Tú me obligaste a consumir mundos.
—Porque necesitaba alimentarte.
Morgana comprendió.
—Para mantenerte con vida.
La sombra de Lyra asintió.
—Exactamente.
La verdadera Lyra cerró los ojos.
—Yo quería destruir mi propia oscuridad.
—Y no pudiste.
La sombra se acercó.
—Así que me encerraste dentro del primer mundo.
Morgana levantó su bastón.
—¿Por qué regresaste?
La sombra sonrió.
—Porque ahora existen dos guardianas.
Miró a Morgana y a su hermana.
—Y juntas poseen suficiente poder para devolverme un cuerpo.
La otra Morgana apretó la espada.
—No lo permitiremos.
La sombra levantó una mano.
Miles de cadenas aparecieron alrededor de las dos hermanas.
Morgana intentó liberarse.
—¡Suéltanos!
—No.
La sombra se acercó.
—Primero tomaré sus estrellas.
Las cadenas comenzaron a absorber su magia.
Adrián corrió hacia ellas.
—¡Morgana!
Pero una barrera negra lo lanzó hacia atrás.
Elara gritó:
—¡Mamá!
Lyra se interpuso entre la sombra y sus hijas.
—¡No las tocarás!
La sombra levantó la espada.
—Entonces morirás otra vez.
Lyra cerró los ojos.
Morgana sintió que su corazón se llenaba de miedo.
—¡Lyra!
La primera guardiana abrió los ojos.
Ya no había miedo en ellos.
Solo determinación.
—Morgana.
—¿Sí?
—Recuerda todo lo que te enseñé.
Morgana comprendió.
La verdadera magia no consistía en controlar.
Consistía en elegir.
Morgana miró a su hermana.
Ambas asintieron.
En lugar de luchar contra las cadenas, dejaron que su magia fluyera a través de ellas.
La luz plateada y la oscuridad comenzaron a mezclarse.
Las cadenas se agrietaron.
La sombra de Lyra retrocedió.
—¡No!
Las dos hermanas se liberaron.
El Devorador levantó la cabeza.
Su corazón comenzó a brillar.
—¿Qué están haciendo?
Morgana respondió:
—Devolviendo lo que robaste.
Los mundos atrapados comenzaron a despertar.
Uno por uno, millones de luces salieron del corazón del Devorador.
La sombra de Lyra gritó.
—¡No!
Pero entonces el Devorador habló.
—Estoy cansado.
Todos quedaron inmóviles.
La criatura miró a la sombra.
—Ya no quiero consumir.
La sombra abrió los ojos.
—¿Qué?
—Quiero elegir.
Una luz dorada atravesó su cuerpo.
La sombra comenzó a desaparecer.
Pero antes de desvanecerse, miró a Morgana.
—No puedes destruirme.
Morgana sostuvo su mirada.
—No quiero destruirte.
Extendió la mano.
—Quiero que dejes de tener miedo.
La sombra comenzó a llorar.
Y, por primera vez, aquella oscuridad se convirtió en una pequeña estrella.
Lyra la tomó entre sus manos.
—Ahora puedes descansar.
La estrella brilló.
El corazón del Devorador se abrió.
Y todos los mundos comenzaron a regresar a su lugar.
Pero una última puerta permaneció abierta.
Al otro lado había un reino completamente desconocido.
Y desde allí llegó una voz:
—Morgana... todavía falta una última elección.
Morgana levantó la mirada.
Sabía que su historia aún no había terminado.