El Culto de la Serpiente

Prólogo

Cuentas los listos, aquellos que no se ocultan trás sus largos nombres, que existió una época donde el Continente de Yur no se encontraba dividido por Reinos muertos o Imperios Marginales.

Vivió un hombre de gran corona y amplia mente, poseyendo como mayor tesoro dos hijas de exuberante belleza y un hijo de estúpido intelecto. Más, había adquirido el último una personalidad tan seductora que competía con las cortesanas más expertas y atrapaba a los nobles más conservadores. A tal punto, que logró engatusar a su propia sangre en su red de lujuria y cometer aquello que en el futuro se conoció como un tabú.

El padre, quién abiertamente mostraba su favoritismo a sus dos hijas, incluso planeado secretamente dejar a una de ellas el codiciado trono y no al único príncipe que había engendrado. Sin embargo, su gratitud no fue pagada en iguales condiciones. Lo último que el pobre hombre y su esposa vieron antes de abandonar el mundo de los vivos fueron los rostros fugaces de sus adoradas princesas... asfixiandolos hasta la muerte

Luego, el cambio de poder llegó como un simple cambio de estaciones. Así la corona terminó estableciéndose en una nueva cabeza. El príncipe estúpido se convirtió en Soberano y tomó a sus hermanas como esposas. Así vivieron los incestuosos sin temor al ojo publico. Lamentablemente, nunca tuvieron la necesidad de ocultarse. A pesar de su ineptitud, sus carencias eran bien repuestas por las aptitudes de sus compañeras y durante años, no existió un reinado tan próspero como el de los tres hermanos. La economía afloraba como una orquídea en plena primavera y los hombres vivían plenos llenos de goce. Sin embargo, la degradación de la carne y las más profundas perversiones del hombre no tardaron el llenar sus mentes, siendo aceptadas en los más oscuros rincones del Palacio donde residían. Un día, simplemente, ahogados en su soberbias y recordando las viejas tradiciones donde los reyes era. adorados como reyes, el Rey Monarca decidió revivir los antiguos ritos y proclamarse la extensión de Dios sobre la tierra y nadie en sus santos cabales, intentó detenerlo. Aquel inexplicable ego pronto llamó una atención innecesaria, entre ellas, la de un brujo.

Un señor de mundo entrado en edad, acompañado de un joven cuya característica más peculiar trataba sobre unos espléndidos ojos rojos. Sí bien el brujo no tardó en ganarse el favor de los tres monarcas, era, al igual que ellos, portador de una mente insana, una arrogancia demencial, un poder devastador y suficiente conocimiento para validarlo. Donde nadie los veía, en la oscuridad de su pecado, los cuatro asesinaban, torturaban y se divertían a costa del dolor de pobres plebeyos que en secreto secuestraban, de las madres que lloraban por sus hijos desaparecidos y los padres que pasaban noches en vela buscándolos

Incluso aún, cuando los oscuros y demoníacos secretos fueron revelados, los habitantes del Continente continuaron adorando a los incestuosos, amándolos y sirviendolos.

Lamentablemente, el hombre, además de brujo era humano y, se ha probado incontables veces a lo largo de la historia que no existe criatura más estúpida sobre la tierra, que el mismísimo ser humano. Y volviéndose una una bestia deseosa de la atención de una de las reinas, convirtió su amor en una pasión correspondida trás meses de insistencia y cortejo.

Los ojos del brujo se vieron teñidos de sangre y el cielo contempló los gritos del Monarca al descubrir la traición a la que había sido envuelto. Su esposa, su hermana, el tercio que completaba su alma, uno de los seres que más había amado desde su nacimiento, lo había cruelmente remplazado por otro hombre. Pero, eran tan profundos sus sentimientos albergaba, que viéndose incapaz de envolver su ira a ella, culpó al brujo de todo el desastre. Aferrándose a la idea de que él, cometió el infortunio de manipular los sentimientos de su hermana através de la magia.

La cabeza del brujo rodó por la escaleras del Palacio y su cuerpo, profanado con piedras y fuego por la plebe corriente que, siguiendo las palabras de un hombre cegado por su dolor, no dudó en tratar al brujo peor que el más vil de los males. Nadie imaginó que tales acciones traerían consecuencias dignas de ser consideradas por las historia como una verdadera masacre.

El compañero del brujo, quién no era precisamente el tipo de persona con que Tres Reyes arrogante podrían lidiar, lanzó su furia al ver el cuerpo inerte de su amigo. Jurando bajo su nombre, la llegada de su venganza.

Primero, grandes llamaradas cayeron del cielo. Una lluvia de fuego cruzando calles y praderas, destruyendo desde altos a bajos edificios, asesinando a todo aquel sin suerte como para morir incinerado o golpeado por su llamas. Luego, una calma alarmante tomó el control. El vacío silencioso que se apoderó de los sobrevivientes, no les permitió llorar, clamaron en rezos rotos la ayuda de sus señores. Sin embargo, no escucharon respuesta, sino, el dolor de la tierra que se abrió en el centro y emergió de ella, casi salida del infierno, la representación de la Gula, el terrible Colosal. Tragándose así, una ciudad y toda vida dentro de ella.

¿Por qué?¿Por qué?¡¿Por qué?!, gritaron el trío de Monarcas comprobado que ya no tenían nada, ni siquiera coronas en sus cabezas. Frente a sus ojos, un demencial vacío nacía de donde antes había un pueblo de hombres.

No fue una bestia quién terminó con sus presencias, no.

Dicen y solo dicen. Nadie está seguro de nada. Nadie puede estar seguro de nada, aunque un idiota predió su vida haciendo la pregunta incorrecta, que el estúpido fue torturado, arrancando sus ojos del cuerpo y aún vivo, echado a los cuervos. A la otra princesa, la quemó viva en una hoguera, observando su cuerpo ser rostizado hasta su muerte. A la causante de la muerte de su amigo, fue decapitada y enterrada en el centro del vacío que alguna vez se conoció como la ciudad de Picas.

Dicen los viejos, aquellos cuyos nombres hemos olvidado. Aquellos cuyos nombres preferimos olvidar, que el Karma no perdona venganzas ajenas. Cobra cada alma con otra alma. Así cuentan que siglos y siglos más tarde, cuando la Historia de los Reyes, de lo que una vez, la tierra se conoció como Picas, se convirtió en una leyenda mal contada. Los tres hermanos incestuosos reencarnaron en tres huevos
...uno negro, uno gris y uno blanco...




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