El calor insoportable, perturbante e insidioso deseaba colarse en lo más profundo de sus huesos y obligar a su cuerpo a retorcer del dolor. La piel ardía tanto como derramar alcohol en una herida abierta y ni un cuchillo penetrando sus costillas obligaba al aire escapar de su cuerpo con tanta violenta. Encontrándose seguro, que tal sentimiento debía ser capaz de hacer caer sobre sus rodillas hasta un gigante o derribar las fronteras de la armadura más impenetrable.
Por mucho que intentara gritar o quejarse, era testigo de una tortuosa pesadilla a la que se enfrentaba cada noche en el requiem de su habitación. Tratándose de una oleada de llamas calcinado cada centímetro de su persona atormentaba a aquel ser que su mundo tuvo la honra de conocer como Blue Swen. Al final, solo podía retorcerse entre sus sábanas y dejar que el sudor bajará sin rumbo específico por su espalda, acompañado de una errática respiración y manteniendo sus sentidos a flor de piel
La habitación donde dormía desde su llegada a la mansión Dawson se mostraba distinta desde semanas atrás. Principalmente después de aquéllos sueños donde incluso el aleteo de una mosca parecía suceder en cámara lenta. El mínimo sonido muchas veces lo atormentaba, incluso, creyó una que otra ocasión, alucinar. Dentro de su piel, algo se movía entre sus venas y pensaba, en ocasiones, que la pesadilla no había concluido, continuando atrapado en ella como reo en su cárcel imaginaria.
Sacudiendo su cabello y ligeramente más calmado, intentó recordar las escenas más inéditas. Su cabeza en cambio, viajó al recuerdo del primer sueño que había tenido tiempo antes. Del cual, el leve pensamientos de esas almas muriendo de forma extraña lo atormentaba, ya que en su interior no tenía dudas que los protagonistas no eran otros más que sus recién conocidos hermanos: los trillizos Dawson. Sólo imaginar esa inédita irealidad ponía a su estómago a querer expulsar todo lo que llevaba dentro. A pesar que la primera tórrida pesadilla nunca más se repitió y más bien, dió lugar a una más intensa, protagonizada entonces por un fuego infernal perseguiendo su persona cada noche e impidiendo el tan ansiado descanso
¿A quién podría preguntarle?, se atormentaba con la pregunta varias veces en su mente
Sus posibilidades, tanto escasas e intermitentes podían ser contadas con los dedos de ambas manos. Black, la mayor de Triada Dawson: el grupo de bastardos semi brujas antes mencionado que habían demostrado no ser el modelo adecuado de una mente fresca, había desaparecido poco después del funeral de Conrad Higas. Personaje que murió en condiciones desastrosas como un heraldo del mal que llegaría en cuestión de tiempo. Dónde White, la menor de la ya mencionada hermandad, terminó tomando su lugar temporal como Jefa de la Cocina en la mismísima mansión que el joven Blue, ya decidía llamar su hogar. Seguía Grey, el segundo y único varón del desdichado grupo, bueno, nadie tenía una idea básica cuales eran sus andanzas los últimos días, pero sabía de primera mano que no podía contar con su ayuda.
Luego se encontraba Margaritte, la cuarta, no, la quinta cabeza de la prole Dawson, la cual desde días atrás recorría la mansión con un humor de "perros". Lanzando miradas molestas a diestra y siniestra, refunfuñando en cada esquina y leyendo su Grimorio, olvidandose el resto de la población que en silencio no hacía más que observarla. Preguntarle a Latte no parecía lógico, la hija menor del excéntrico grupo de hermanos, donde, con su tierna edad, apenas dejaba caer dos o tres palabras comprensibles antes de distraerse con cualquier cosa suficientemente llamativa para reclamar su atención. Le seguía la duquesa, está última había decidió pasará más tiempo en su habitación que en el comedor familiar, sitio usual donde Blue Swen podía localizarla con facilidad en los horarios establecidos.
Y luego estaba el duque, pero a esa criatura, Blue no quería ni soñaba verlo en pintura. Terminado su día, tendría que buscar respuestas por su cuenta. Solo rezaba, una vez más, no terminará en un improbable caos como el reinante en sus recientes y tortuosos sueños
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La oscuridad tomaba parte de todo el sito donde los trillizos se encontraba. Algunas antorchas metálicas se levantaba en un perfecto círculo al rededor de una mesa. Sobre ésta, un cuerpo desnudo sin siquiera la piel para cubrir las zonas imperfecta como sus órganos, que aún perfectamente conservados, a pesar del tiempo que el alma del hombre había abandonado este mundo, se exhibían como un cuadro escalofriante a la vista de los curiosos.
Grey Dawson agarró una copa dorada con signos cruzados y pequeñas joyas blancas sutilmente decorando el contorno. Teniendo el máximo cuidado posible la colocó en el suelo y con un movimiento de sus dedos hacia arriba, un verde y espeso líquido abandonó el cuerpo en tres finos canales cuyo destino.no era otro que el centro del costoso objeto.
— ¿Por qué la sangre tomó esa tonalidad? Parece podrida — preguntó White Dawson sujetando con su mano derecha un párpado del hombre y con la otra, auxiliada de unas pinzas, logró extraer uno de los dos ojos del hombre muerto.
— No fue por la maldición, estoy segura. Es curioso, muy curioso — contestó su hermana acomodando las tres cajas especiales que se convertirían en el nuevo hogar de los órganos extraídos del cadáver. Los cuales pronto serían analizados a profundidad en un futuro cercano.
— Vaya, sí que es interesante — río Grey comprobando que cada gota de sangre había, en buen tiempo, encontrado su sitio y apto seguido, la copa se sacudió, volviéndose las joyas que la adornaban de un suave color rosa — ¡Sobredosis!¡Quién lo hubiese esperado!
—¿Estás completamente seguro? — preguntó White sin creerlo — Entregármelo — con el mínimo esfuerzo recogió del suelo un papiro viejo y casi destruido. Dentro, con colores poco vivos explicaba en una lengua muy vieja el significado del incipiente cambio de los colores. El objeto en sí, creado cientos de años en el pasado como utensilios mágico para determinar el motivo de muerte de una criatura o ser mágico o simplemente la composición de la sangre, fue a parar a manos de sus actuales dueños mediante una compra ilícitas meses atrás.