Bajando las escaleras del ala norte. Siguiendo el camino recto de las siete puertas blancas y continuando por el pasillo adornado con extraños cuadros de cerdos gordos. A un lado de la estatua del enorme y poderoso halcón, lejos de la vista pública. Colocando la combinación correcta de mosaicos y posteriormente, entrar el dedo meñique en uno de los tres agujeros, que posteriormente aparecería en la pared. Finalmente, encontrar la dirección correcta entre los cientos de túneles formándose a profundidad bajo la mansión Dawson.
Podrías, con algo de suerte, hallar una cueva no muy grande. Lo suficientemente para albergar cómodamente unas diez personas. La cual, muy diferente al resto de la mansión, no posee un gramo de riqueza que no fuera el exuberante moho o las extendidas telarañas. Pero, junto a las tres pilares de piedras posicionados uno al lado del otro, lo más extraordinario del sitio se guardaba en una lápida de piedra negra justo en el centro.
Tres figuras ingenuas, un viernes en la noche, cuando la total niebla de apoderó de los jardines, traspasaron la mansión moviendo la lápida a un lado y entrando por el agujero que había justo debajo. A primera vista, con la ropa cubierta por una pesada capa de suciedad, sangre casi cicatrizada en varias heridas en los brazos, rostro y piernas. Así como negros moretones en el resto del cuerpo. Hacían parecer a los individuos, almas escapando del mismísimo infierno.
¿Sus intensiones?, solo "Nos" las conocía y en cuestión de días, toda la familia Dawson.
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Adiam Sinclair observó con detenimiento la enorme y pesada caja de madera frente a las puertas de su hogar. Un perturbador sentimento detonó en su pecho causándole un gran dolor y un grito de ansiedad.
Sus sirvientes con suma calma entraron el objeto sin tener idea lo que encontrarían dentro o quién había sido el incauto capaz de enviar semejante cosa. Pues a un lado, atado con una cinta negra, la nota contenía palabras que pusieron de pie cada bello en su cansado cuerpo
Algunas aves no poseen capacidad de vuelo. Hay ocasiones que intentan dar grandes saltos para alcanzar altitud. Como buenos cuidadores, debemos de vez en cuando, recordarles que tan dolorosa puede ser la caída o cuantos huesos pueden romperse en el impacto.
Con el corazón martillando su pecho ordenó abrí el paquete y al hacerlo, sus miedos resultaron ser peores que sus más dolorosas pesadillas. Sabía que algún día aquella posiblidad llegaría a su vida tan cortante como dolorosa. Y no fue hasta el grito se su esposa viendo aquella cabeza llena de rizos castaños, rodar fuera de la caja llena de paja. Incapaz de siquiera mirar la escena, atacado por los sentimientos que comenzaba a sacudir su persona, se encontraba lejos de la calma sino de la turbulenta tormenta.
— ¡No es real! — gritó la mujer sosteniendo la falsa cabeza entre sus dedos —¡No es él!¡No es real! — repitió y el hombre, al quitarla de sud manos, comprobó la veracidad trás sus palabras.
Una cabeza de arcilla, cabello animal muy similar al de sus esposa y una expresión divertida en su rostro, así como unos ojos torcidos casi perturbadores. De lo cuales eran lo único realmente humanos del objeto. Pero agradecía que tenía un tono negro oscuro de sus pupilas porque significaba que no pertenecían originalmente a su hijo. El desequilibrado niño que había escapado de casa buscado un amor no correspondido. Trás las faldas de un mujer que no dudó en darle la espalda el segundo en que se cansó de jugar con él. Y no fue hasta ver los ojos de la falsa cabeza comenzar a girar en círculos, seguidos de una risa perturbada, casi diabólica, que se dieron cuenta, era una advertencia. En segundos el inmundo objeto explotó manchando a la pareja Sinclair, el suelo y algo de los alrededores con sangre podrida de cerdo.
No tardó mucho en moverse la caa secundado de un coro con los gritos continuos de la señora Sinclair y algunas de sus sirvientes presentes en la sala. Sin necesidad de más escándalos, el cuerpo de Raven Sinclair cayó al suelo amordazado de pies a cabeza e completamente inconciente.
Una nueva nota no tardó en aparecer. Sus palabras, sin lugar a dudas, se mostraban más directas
Recuerda que las aves que no pueden volar son el bocadillo favorito de las serpientes. Presas fáciles y sumamente deliciosas.
A pesar de todo, Adiam no tenía idea de quién venía el mensaje. Bien podría pertenecer a GG Dawson o su perturbada hija. Cualquiera que fuera el caso, no querían tener relación con el chico y él, lo mantendría alejando de ellos. Está vez, aunque tuviese que enviarlo a otro continente
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— Tiene que ser una broma — el murmullo apenas audible de Margaritte Dawson fue una ráfaga rápida y molesta. El golpeteo constante de las suelas de sus zapatillas, recalcó en un simple segundo el nivel de su enojo. Observando el desorden extendiéndose de norte a este y arriba hacia a bajo en la sencilla habitación, la tomó visiblemente por una sorpresa no bienvenida.
Sus ojos se centraron en las antiguamente impolutas sábanas colgadas de un punto a otro destruidas. O las incontables plumas en el suelo, manchadas junto a la alfombra de lo que estaba segura debía ser tinta zul. Ni siquiera quería saber cómo lo hicieron. Más bien, conocer el cuándo, el por qué resultaba tan obvio que parecía estúpido.
Dejar un mensaje
Para pensar en ello debía mantener la mirada en los restos de los muebles convertidos en astillas y lo pedazos que no, clavados como estacas en las paredes y atravesando el pecho de tres pobres gatos.
¿Por qué precisamente esos pobres animales?, pensó. Pero justo entonces, su hermano, Blue Swen, entró en la habitación.