White Dawson acomodó el tocado de mariposas en su frondosa cabellera rubia que se había movido de su lugar inicial antes de sacudirla y observar molesta el comportamiento de su hermano pequeño
—¿Se puede saber por qué estás tan nervioso, Blue-bebé? —
— Es una situación para estar nerviosos. La últimas vez que lo intenté no terminó bien — confesó el mismo
— ¡Tonterías! — exclamó ella para posteriormente señalar la aparente nada — Dentro de unos minutos Black abrirá la puerta y cuando pases por ella, quedarás tan sorprendido que olvidarás que alguna vez tuviste nervios
—¿Qué clase de puerta abrirá Black en el medio del jardín?¿Y cómo puede ir dentro ayudarme con toda esta situación?
— Oh, ya verás. Vas a quedar boquiabierto, estupefacto, totalmente fuera de ti. Solo espera unos minutos más, un poco de paciencia en esta hora de paz
— Tú precisamente le hablas de paz, hermanita — soltó Grey divertido burlándose de su melliza.
La rubia frunció el ceño de forma profunda y cuando estaba lista para arremeter contra el risueño, su estado de ánimo cambio dando saltos de alegría. Siendo, sin dudas, la primera en apartar a Black de la entrada a la espléndida y grandísima puerta doble que Blue reconoció enseguida como aquella que portaba los dos ojos rojos falsos.
Dudando sí dar dos pasos, sintió su cuerpo tensarse ante el invasivo abrazo de Grey, el cual al rodearlo y levantarlo del suelo, lo cargó hasta atravesarlas.
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Blue Swen quedó, con todas las palabras que White Dawson había dicho con anterioridad, maravillado. Principalmente, sus ojos, aquellos ojos rojos tan brillantes y llamativos parecían escapar de su rostro. Bien no tenía idea cómo había tanto espacio o tantas cosas dentro y el concepto de "cosas" no parecía suficiente para etiquetar aquel nivel de objetos valiosos que se levantaba frente a él
Sí, valiosos
— Bienvenido a la Cámara de Tesoros, Blue— había dicho White con tanta emoción y él, simplemente ignoró, exhorto en lo que veía.
La mansión Dawson en sí, era un lugar ostentoso. Las magníficas decoraciones y el nivel de riqueza mostrado rondaban lo increíble. No conocía adjetivos a bastos para describir el sitio donde se encontraba.
El brillo en los cuentos de artilugios de oro, plata y bronce se acumulaban en montañas altas. Cofres desbordados de monedas, tanto de corintias como algunas que nunca había visto, perlas, collares de zafiros, esmeraldas, rubíes. El techo que apenas mostraba evidencia de dónde comenzar o dende terminar, mantenía un esqueleto de marfil de lo que parecía un dragón colgado en cadenas negras. Lo inusual del hecho y lo que dejó a Blue más impactado, fue que aquella cabeza de dragón se movía, observando cada paso que los trillizos daban por el único camino despejado.
— Blue, no te quedes atrás — le advirtió Black quién lideraba el grupo. El chico, incapaz de formular palabra, señaló al esqueleto del dragón se movía y Grey Dawson soltó una de sus escandalosas carcajadas
— No hay necesidad de asustarse, hermanito. Es el guardián, si fueras un intruso... bueno, digamos que no te gustaría ser un intruso. En el pasado, el Jefe iba a... ya sabes — Grey tocó su estómago dos veces y Blue supo a que se refería — Pero el viejo dragón prefirió desprenderse de su piel y carne y continuar viviendo aunque fuera un esclavo de la codicia del Jefe.
— ¿Desprenderse de la carne?¿Cómo es posible? — preguntó incrédulo
— Para las bestias antiguas nada es imposible. No te rompas la cabeza intentando comprenderlo. Está aquí por desición propia
— No creo que el duque le brindó muchas opciones — pensó mirando a la pobre criatura que lo había perdido todo solo para continuar existiendo en este mundo.
— Solo por está vez — murmuró Grey — No te quitaré razón. Yo tambien haría lo que fuera en su lugar.
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Blue quedaba más impresionado a cada paso que daba. La cámara de Tesoros no contaba con una sola habitación sino que más bien parecía una mini mansión con unas cuantas habitaciones, solo que estás no sé separaban por pasillos interminables, puertas que aparecían a gusto o portales negros que se abrían en un chasquido. No, podría compararse con habitaciones divididas por paredes que se abría para dar paso a la próxima. Los ladrillos sé separaban y acomodaban uno sobre otro creando un agujero lo suficientemente grande para permitir el paso.
Luego estaban los otros cuartos. Unos de ellos mostraba la obsesión del duque por la realeza a un límite superior de los esperado. El espacio de baldosas verdes bien pulidas, a tal punto que podías ver tu reflejo en ellas, tanto en el suelo como en las paredes, portaban, casi escapadas de ellas, cuentos de brazos perfectamente alineados, con manos femeninas y delicadas sujetando entre sus dedos cientos, quizás miles de tiaras y coronas. Las formas, los tamaños, los grosores y el estilo de la joyería variaba tanto que Blue creyó, podría pasarse más de un año solo para lustrarlas.
El tercer cuarto aunque no se mostraba inferior a los anteriores, poseía una ausencia de brillo. Sí, porque aquel sitio espeluznante y oscuro, mantenía casi la misma cantidad de coronas, solo que en este caso, eran grimorios atados con cintas violetas desde la parte superior y esta última, ante la tupición de libros fue imposible observarlo.
El próximo sitio, una cueva oscura apenas iluminado por hongos fluorescentes y bajo sus pies, un lago cargados de frascos de cristal con líquidos igual de brillantes que los hongos, flotando como barcos a la deriva. El único modo de cruzar parecía ser un camino de rocas que dividía la masa de agua a la mitad
—¿Qué son?— preguntó en un murmullo viendo los pescados amarillos que comenzaron a poder el camino tan curiosos como él
— Guardianes — respondió White en un puchero — Lo sé, tienen una pinta deliciosa, más su sabor es un desastre.
— ¿El duque también intentó comérselos?