El cumpleaños de Sísifo

Llameme sisifo.

Soy Karla, una chica que funciona como una observadora y critica de los hechos narrados. Sísifo no vino de universidad cara ni de apellido que abriera puertas. Entró barriendo errores ajenos, aprendiendo a golpes y con la fe absurda de que la eficiencia era una virtud.
Le dieron un Excel torcido y una promesa hueca: "Si sacas esto, te vas a notar."
Se notó, claro. Lo subieron, porque en toda jerarquía el castigo al competente es el ascenso.
Desde entonces sostiene el flujo invisible de una empresa que se derrumbaría si él se toma un día libre.
No firma cheques, no da discursos. Solo mantiene el engranaje girando.
Hasta que un pastel mal administrado reveló lo obvio: incluso los dioses de oficina necesitan mártires.

Transcripción Parcial - Entrevista 1: Danielle & Sísifo.
(Sala de observación del reclusorio preventivo)
Danielle: Buenas tardes. Tome asiento.
Sujeto: Prefiero estar de pie. Me acostumbré a que todo me caiga encima.
Danielle: Entiendo.
(anota algo)
Dígame, ¿por qué golpeó a su jefe con un teclado?
Sujeto: Porque no tenía un piano a la mano.
Danielle: Humor defensivo. Común.
Sujeto: Ironía funcional. Si no me río, me mato.
Danielle: Entonces ríase... pero cuénteme.
Sujeto: Pedí que no celebraran mi cumpleaños. No quería pastel, ni globos, ni aplausos de gente que no lee mis correos. Quería que trabajaran. Pero lo hicieron igual.
Me obligaron a sonreír, me llenaron la boca de pastel y cuando apenas podía masticar el azúcar me tocó un nervio. Dolor. Dolor real, no el metafórico de los lunes.
Y justo entonces aparece el jefe, preguntando por qué estamos atrasados.
Danielle: ¿Y qué sintió?
Sujeto: Que había pasado toda mi vida empujando la piedra y que, además, me pedían hacerlo con una sonrisa.
Danielle: Así que decidió soltarla.
Sujeto: Decidí que si todo era un absurdo, al menos el final sería honesto.
Danielle: (asiente) Golpeó a su jefe con un teclado inalámbrico.
Sujeto: Ironías de la vida. Siempre me dijeron que el conocimiento da poder.
Danielle: Y descubrió que también da masa y alcance.
(breve silencio)
Danielle: ¿Le dolía la muela o la vida, Señor?
Sujeto: La muela... pero fue la vida la que sangró.
Danielle:Estoy aquí para entender qué ocurrió el día de su detención.
Sujeto: ¿Entender? Qué optimismo tan profesional.
Danielle: Es mi trabajo.
Sujeto: Entonces permítame facilitarle la tarea: lo que ocurrió fue lunes, pastel y estupidez humana.
Danielle: ¿Su nombre completo, por favor?
Sujeto: Llámeme Sísifo.
Danielle: ¿No quiere darme su verdadero nombre?
Sísifo: Lo perdí entre hojas de asistencia y correos sin respuesta. Prefiero el mitológico. Tiene más sentido.
Danielle: (anota) Así que "Sísifo". El condenado a empujar una piedra colina arriba para verla caer.
Sísifo: Exacto. La descripción del empleado promedio.
Danielle: ¿Y usted qué empujaba?
Sísifo: Reportes, egos, incompetencia... y un sistema que se derrumba si uno se enferma.
Danielle: Cuénteme qué pasó ese día.
Sísifo: Era mi cumpleaños. Pedí que no lo celebraran. En la empresa creen que cantar y comer pastel aumenta la productividad. Yo pienso que solo aumenta los niveles de glucosa y resentimiento.
Danielle: ¿Y aun así lo celebraron?
Sísifo: Claro. Nada más irresistible que desobedecer a quien tiene razón. Decoraron la sala, apagaron las luces, me aplaudieron como si hubiera ganado una guerra que todos perdimos.
Mientras tanto, el teléfono sonaba. Clientes, supervisores, pendientes. Salí tres veces de la reunión para apagar incendios que no eran míos. Cuando regresé, alguien decidió "darme pastel a la fuerza".
Danielle: ¿Cómo?
Sísifo: Riendo. Me sujetaron, abrieron la boca del animal de carga y metieron el dulce. El azúcar tocó un nervio muerto. Dolor. Real, eléctrico, perfecto.
Danielle: ¿Y entonces?
Sísifo: Entra mi jefe. Planchado, sonriente, olfateando atraso.
-¿Por qué vamos retrasados hoy?- pregunta.
Ese fue el momento exacto en que todo se alineó: el dolor físico, el sarcasmo celestial, y la certeza de que mi vida era una junta interminable.
Danielle: ¿Qué sintió?
Sísifo: Un deseo profundo de hacer música.
Danielle: ¿Música?
Sísifo: Con el teclado inalámbrico. En su cara.
Danielle: (sin sonreír) Lo golpeó.
Sísifo: Reescribí la partitura. Cada tecla una nota. Cada golpe, un adiós.
Danielle: ¿Se sintió liberado?
Sísifo: Por primera vez en años, no tuve pendientes.
Danielle: ¿Se arrepiente?
Sísifo: Solo de no haber afinado antes el instrumento.
(Silencio prolongado. Danielle lo observa, él evita la mirada.)
Danielle: Dice que se llama Sísifo. Pero el mito enseña que él nunca deja de empujar.
Sísifo: Tal vez por eso estoy aquí, doctora. Porque, al fin, dejé que la piedra cayera.
Danielle: ¿Y por qué eligió "Sísifo"?
Sísifo: Porque empujé la piedra hasta que aprendí a dejarla caer.
Danielle: ¿Y ahora qué hará, Sísifo?
Sísifo: Esperar a que alguien me la devuelva... y pensar cómo romperla antes de volver a subirla.



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En el texto hay: oficina, humor amor, empleados

Editado: 06.06.2026

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