El débil que desafió un mundo gobernado por la fuerza

Mientras tanto Kael

CAPITULO DE RELLENO

El silencio en la cabaña dura exactamente tres minutos.

Después empieza a molestar.

No por el ruido.
Por la falta de él.

Kael se queda sentado donde Ren lo dejó. La pierna rígida, apoyada en un banco improvisado. Mira la puerta un segundo más de lo necesario.

Luego desvía la vista.

—Tardará.

Lo dice en voz baja.

No cambia nada.

Intenta levantarse.

Mala idea.

Apoya peso en la pierna.

Error inmediato.

Un dolor seco sube como una advertencia.

Se queda quieto.

Respira.

—Bien.

No lo está.

Se apoya en la mesa. Se impulsa con los brazos. Logra ponerse de pie… a medias.

Avanza un paso.

Arrastra la pierna.

Segundo paso.

Más lento.

Llega hasta la repisa.

Toma una taza.

Se detiene.

La observa.

—¿Por qué estoy haciendo esto?

Buena pregunta.

No hay respuesta.

Se sirve agua igual.

Se gira.

Y en ese momento, la taza golpea el borde de la mesa.

Se tambalea.

Cae.

Se rompe.

Silencio.

Kael la mira.

—…

No dice nada.

Se queda mirando los pedazos.

Un segundo.

Dos.

—Bien.

Se da la vuelta.

Camina de regreso.

Paso.

Arrastre.

Paso.

Arrastre.

Se sienta.

Mira el suelo.

La taza sigue rota.

No se mueve para recogerla.

—Luego.

Pasan unos minutos.

El fuego empieza a bajar.

Kael lo nota.

Suspira.

Mira la leña.

Mira su pierna.

Mira el fuego otra vez.

Decisión.

Se levanta.

Peor que antes.

Camina hacia la leña.

Toma un tronco.

Lo levanta.

Se le cae.

Ruido seco.

Se queda mirándolo.

—Claro.

Se agacha.

Error.

El equilibrio se va.

Intenta sostenerse.

No llega a la mesa.

Termina sentado en el suelo.

Silencio.

Respira.

—Bien.

Se queda ahí un momento.

Luego arrastra el tronco hacia él.

Lo empuja hasta el fuego.

Logra meterlo.

El fuego responde.

Pequeña victoria.

—…

Asiente apenas.

Intenta levantarse desde el suelo.

Apoya una mano.

Luego la otra.

Empuja.

La pierna protesta.

Se queda a medio camino.

Vuelve a caer.

Más fuerte.

—…

Silencio más largo.

Mira el techo.

—Esto es estúpido.

Nadie responde.

Se queda ahí un rato.

Pensando.

O no.

Finalmente logra arrastrarse hasta una silla.

Se impulsa.

Sube.

Se sienta.

Respira.

—Bien.

No lo está.

Pasan más minutos.

El silencio vuelve.

Kael mira la puerta.

—Está tardando.

Pausa.

—Mucho.

Se inclina un poco hacia adelante.

Como si pudiera escuchar algo más allá.

Nada.

Se recuesta.

Cierra los ojos.

Los abre de inmediato.

No le gusta.

Se levanta otra vez.

Peor decisión del día.

Va hacia la mesa.

Intenta ordenar algo.

Una herramienta.

La mueve.

Se le cae.

Otra vez.

La mira.

—…

No la recoge.

Demasiado esfuerzo.

Se queda de pie un momento más.

Luego vuelve a sentarse.

Más lento.

Más pesado.

Silencio.

Mira el lugar donde estaba la caja.

Ya no está ahí.

Bien.

Al menos eso.

Cruje algo afuera.

Se tensa.

Escucha.

Pasos.

Finalmente.

La puerta se abre.

Ren entra.

Kael levanta la mirada.

Lo observa un segundo.

Luego, como si nada hubiera pasado:

—Tardaste.

Detrás de él, la cabaña es un desastre leve.

Taza rota.

Herramientas fuera de lugar.

Leña mal acomodada.

Kael sigue sentado, como si hubiera estado así todo el tiempo.

Inmutable.

—Había movimiento.

Kael asiente.

Como si eso explicara todo.

—¿Trajiste todo?

Ren deja la bolsa.

Kael la revisa.

Todo está.

Asiente otra vez.

Silencio.

Ren mira alrededor.

Un segundo más de lo normal.

Kael no dice nada.

No mira los destrozos.

No explica nada.

Solo se recuesta un poco.

—Bien.

Como si el día hubiera sido normal.

Como si no hubiera perdido contra una taza, un tronco… y el suelo.



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En el texto hay: manipulacion, isekai, #fantasía

Editado: 26.04.2026

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