El débil que desafió un mundo gobernado por la fuerza

Cumpleaños

La mañana llega más lenta.

No por el sol.
Por el ritmo.

Kael ya está afuera cuando salgo. Sentado en el marco de la puerta, la espalda apoyada, la pierna extendida sobre un trozo de madera. No intenta levantarse.

No hoy.

Tiene un trozo de madera en las manos. Un cuchillo corto. No corta árboles… talla.

Lento. Preciso.

Me observa cuando paso.

No dice nada.

Tomo el hacha.

El primer golpe no entra bien.

El segundo, mejor.

El tercero… aceptable.

Siento su mirada todo el tiempo.

—Estás forzando el brazo —dice sin mirarme—. Deja caer el peso.

Asiento.

Corrijo.

El siguiente golpe entra más limpio.

No perfecto.

Pero suficiente.

Sigo.

El ritmo se vuelve más estable.

El sonido del hacha contra la madera llena el espacio.

Kael vuelve a lo suyo. El cuchillo se mueve despacio, quitando pequeñas capas.

Después de un rato, dejo el hacha.

Los brazos pesan.

Respiro.

Voy hacia él.

Me siento cerca, pero no demasiado.

Miro lo que está haciendo.

Un trozo de madera… tomando forma.

—¿Qué es?

—Nada.

Respuesta inmediata.

Pero no es verdad.

Sigo mirando.

Tiene forma.

Pequeña.

Cuidada.

No pregunto más.

Silencio.

El bosque suena.

Viento entre hojas. Algo moviéndose a lo lejos.

Kael sigue tallando.

—Mejoraste —dice al cabo de un rato.

Asiento.

—Un poco.

—Se nota.

Pausa.

—Sigues fallando.

—También se nota.

Exhala por la nariz.

Casi una risa.

Sigo mirando la madera.

—¿Cuánto falta para que sanes?

—Semanas.

Directo.

—Entonces no vas a trabajar por un tiempo.

—No.

Silencio.

Miro sus manos.

Las cicatrices. El control.

Incluso ahora… no tiemblan.

—¿Te molesta?

—Sí.

Respuesta rápida.

—Pero no cambia nada.

Tiene razón.

El cuchillo sigue moviéndose.

—¿Cuántos años tienes? —pregunta de repente.

Lo miro.

—No lo sé.

Pausa.

—¿Nunca te lo dijeron?

—No.

Me encojo de hombros.

—No era importante.

Kael asiente despacio.

—¿Y tu cumpleaños?

—Tampoco.

Silencio.

El cuchillo se detiene un segundo.

—El de mi nieto era dentro de tres días.

No lo dice mirando la madera.

Lo dice… al frente.

Como si midiera el tiempo.

No respondo de inmediato.

—¿Tres días?

—Sí.

Pausa.

—Le gustaba.

El cuchillo vuelve a moverse.

Más lento.

—Esperaba comida mejor.

Pequeña pausa.

—Y no trabajar.

Asiento leve.

Tiene sentido.

Silencio.

El viento pasa otra vez.

Kael deja el cuchillo sobre la madera.

La observa.

Luego…

—Ese será el tuyo.

Lo miro.

—¿Mi cumpleaños?

Asiente.

—Sí.

Simple.

—Dentro de tres días.

Pausa.

No parece una broma.

—¿Por qué?

Se encoge de hombros.

—Ahora tienes uno.

Silencio.

Lo proceso.

No es útil.

No es estratégico.

Pero…

no lo rechazo.

—¿Y qué se hace?

Kael piensa un segundo.

—Comer más.

Asiento.

—Eso suena bien.

—Y no trabajar.

Miro el hacha.

Luego los troncos.

—Eso suena mejor.

Exhala por la nariz.

Esta vez sí hay algo más claro.

No llega a risa.

Pero está cerca.

—No te acostumbres.

—No lo haré.

Silencio.

Me recuesto un poco hacia atrás.

Miro el bosque.

Luego a la madera en sus manos.

—¿Eso tampoco es nada?

Kael la gira.

La observa.

Pausa.

—Es un intento.

No dice de qué.

Pero ahora sí… parece algo.

Pequeño.

Cuidado.

No pregunto más.

No hace falta.

El tiempo pasa sin presión.

Sin urgencia.

Solo el sonido del viento…
y el raspado lento del cuchillo sobre la madera.



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En el texto hay: manipulacion, isekai, #fantasía

Editado: 28.04.2026

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