El Deceso de Nuestro Arranque

*21*

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¿Quién sería capaz de hacerle esta atrocidad a Hades? La melancolía y el furor ataca mi pecho, quien sea que haya sido no se saldrá con la suya, no, no lo hará.

 

-Por favor vaya más rápido.-Le ruego al conductor y él acelera la velocidad.

 

Decidí mejor no llevarlo a un hospital porque al final ellos llamarían a algún encargado mayor para nosotros y no tendría el suficiente dinero, aparte no sabría si él le disgustaría que sus padres se enteren de su herida, para luego hacerle muchas preguntas.

 

Opte mejor por llevarlo a mi hogar, por suerte mi padre no se encuentra en casa. Ahí tengo lo suficiente para atenderlo, aunque mis emociones descontroladas no me ayuden nada en soportar los sollozos, de sentir que lo pierdo.

 

Por esa razón prefiero que alguien más se encargue por mí, porque me siento desfallecer en cualquier instante. Sólo espero soportar lo suficiente, por el bien de Hades.

 

Al taxista en muy amable en ayudarme a llevar a Hades dentro de la casa y ponerlo en la camilla, le agradezco y le pago, él se va mientras yo me apresuro para limpiarme las manos y tomar todas las cosas necesarias para iniciar con el proceso.

 

Me apresuro en ponerme los guantes al instante y asegurarme de ajustarme bien el traje, para iniciar el procedimiento, mis manos tiemblan por el temor, la angustia de cometer algún error; He pasado miles de veces este procedimiento y mi padre me ha enseñado-en casos de emergencia-, sin embargo, al tener una persona importante delante mío...todo se complica.

 

Suspiro pesadamente y me alisto con la mascarilla. 

 

-Todo estará bien, todo lo estará...-Me doy aliento y comienzo.

 

Abro su camisa, mientras con rapidez le desago los botones; Sin evitarlo me congelo en mi lugar, al impresionarme, ante su potente herida. Trago duro y reprimo un sollozo por la sangre derramada de esta, me giro y tomo del pañuelo, para desinfectar la zona herida. 

 

La limpio mientras tomo de mis herramientas y puedo comprobar que esto se debe por la agresión con un arma de fuego. Los nervios me son inevitables, pero no hay momento para concentrarme en ellos, no ahora. 

 

Hago la extracción de la bala, al verla, gracias a dios no en lo profundo, sino al mirarla lo bastante cerca para notarla. Hago unos cuantos chequeos más con medicinas sobre la zona afectada y tapo la herida con vendas. Pasan lo más, una hora y media con el procedimiento que resulto exitoso. 

 

Me quito los guantes y el resto de mi rostro. El nudo se desata de mi garganta y las lágrimas por fin son liberadas; Caigo sobre mis pies y tapo mi rostro mientras sollozo, el remolino de emociones frustrantes y cegadoras, por verlo ante el borde de la muerte, siendo capaz de sentirlo tan cerca, al lado mío pero lejos, tan lejos por el temor de perderlo.

 

Pude saborear la derrota al verlo cerrar sus ojos, pero ahora puedo saborear la victoria, por salvarle la vida, al escuchar el latir de su corazón en esa máquina que tanto he odiado. 

 

Le dije que no se metiera en cosas que arriesgarían su vida, tantas veces, porque no tenemos la dicha de recuperarnos y la lucha de su cuerpo ahora, por hacerlo vivir, ese es el verdadero proceso abrumador. 

 

Si Hades es incapaz de ponerle un alto a su vida, yo lo haré.

 

Su celular vibra en su pantalón y me levanto de mi lugar, camino hacia él a zancadas y lo tomo, se enciende al vibrar nuevamente y abro el buzón de mensajes.

 

Número desconocido:

 

Esto sólo ha sido una lección por su maldita desobediencia Mars, en la segunda no saldrás vivo. 

 

¿Quién es?

 

¿Qué ha hecho Hades?

 

No me permito pensar o meditar un poco mi acción o qué es lo que haré, simplemente quiero que lo dejen en paz.

 

Hades:

 

Dime dónde quieres que nos veamos.

 

Ni siquiera pasa un segundo cuando me responde.

 

Número desconocido:

 

En el club del centro, en unas cinco horas, estaré en la puerta trasera y no quiero a ninguno de tus amigos Mars, sabes que odio tu compañía. 

 

Mi corazón late con frenesí y marco enviar al tener ya mi respuesta.

 

Hades:

 

Estaré ahí.

 

Apago el celular y lo dejo de nuevo en su lugar, respiro intentando tranquilizar mis pulmones y observo de nuevo a su dirección, cómo su pecho se eleva y desciende con serenidad, me llena saber que esta aquí, al lado mío, lejos de esos bastardos. 

 

Mis labios tiemblan y mi mano de la misma manera, al acercarla a su rostro, sintiendo la palidez de su mejilla al impactar con mi piel tibia. Cierro mis ojos con fuerza, rogando al cielo, que su cuerpo gane la lucha, que sus defensas den todo de sí, cuando mueren más de las que deberían morir a diario.

 

-Es hora de ponerle un fin a todo esto Hades.

 

Tomo de mi abrigo y las llaves del auto, pero antes de irme, me inclino poniendo mis labios presionados en su frente, al tenerlo ahí durante segundos tortuosos. 

 

Dicen que las mujeres tenemos un sexto sentido, que presentimos y sabemos que puede suceder o algo que nos altera. Pues es verdad, porque ahora presiento el peor de los males al tomar esta decisión. Sin embargo, me trae una paz inmensa al saber que esto puede significar el fin de estos misterios y las luchas de Hades, porque al quedarme de brazos cruzados puedo provocar su muerte.

 

No me quedare a presenciar cómo termina su vida.




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