El Demonio en el Bosque

Capítulo 4:"Emoción en la mañana".

Si la noche estuvo extraña, la mañana estaba peor, al parecer nadie se presentó en la vivienda. Los platos sobre la mesa seguían en el mismo lugar, con la diferencia de que los ratones estaban intentando abrir las tapas para husmear dentro del contenido. Agita las manos Solied para azorar a los roedores lejos de la comida. Camina a los cuartos principales para comprobar si había alguien, y al abrir las puertas pudo confirmar que se encontraba completamente sola. Podría justificar a su madre y hermanas de que los Condes de Valesca las dejaron dormir en su casa para que no viajaron solas a tales horas de la noche. Pero su padre, ese hombre siempre se presentaba a la misma hora, borracho o sobrio, y algunas veces de madrugada, pero con tanto ruido que creaba el varón la chica se levantaría apenas en oir los estragos, y eso sí que era peculiar.

 

Después de tanto esfuerzo de la chica por preparar la cena, al final la comida fue desperdiciada, pero antes de dejárselas a los gusanos se las daría a los animales, que ellos si sufrían por comida. Con los alimentos en la cesta de mimbre Solied camina a los establos de los cerdos con sus botas negras y rotas para darles de comer. 

 

—¡Buenos días! —saluda en voz alta y los pequeños cerditos se acercan a ella —,les traigo el desayuno.—vierte la comida en un recipiente metálico que es utilizado para darles el alimento —Aquí teneis. —la ojiazul se apoya sobre la madera del corral y aprovecha para acariciarles el lomo mientras están distraídos. 

 

El sonido de una puerta cerrándose llama su atención y apartando su vista de los animales. Pudo notar que la puerta del granero se encontraba abierta cuando claramente la había dejado cerrada como todas las noches. Aunque...si admitía que el seguro presentaba problemas en cuanto al momento de cerrar, pero no era un grave problema porque podía seguir con su funcionamiento sin ningun dilema. Pero al parecer alguien descubrió ese pequeño secreto. Ella se aproxima con cautela a la puerta abierta tomando del suelo una horca oxidada que la utilizaba para recoger paja y apilarla en un solo lugar. Estira la mano para abrir por completo la puerta de madera con su arma apuntando hacia dentro, ve que no hay nadie y los animales están tranquilos, pero en el fondo, en una esquina, al lado de un motón de sacos, sobresalía una bota negra. Solied camina sin emitir ruido sosteniendo con firmeza el arma, se detiene cuando la bota desaparece detrás de los costales y el bostezo de un hombre se hace escuchar.

 

—¿Papá? —pregunta en voz baja para evitar despertar al señor, era ridícula esa pregunta, si su padre estuviera en casa su caballo estaría amarrado afuera. Traga saliva asustada y sigue aproximándose, su corazón estaba agitado igual que su mente. Asoma la cabeza por encima de los sacos y no se podía creer quien estaba ahí durmiendo.—¿Bathin? —la chica se ríe un poco de la escena tan graciosa que estaba presentando. El muchacho dormía sobre los costales, cubierto de plumas y con dos terneros que lo acompañaban en su siesta, sin mencionar que sobre la barriga de él una mamá gallina con sus pollitos le picoteaban la ropa llena de pequeñas hormigas. —Oye,oye despierta.—el chico se levanta medio dormido espantando a los animales y con la baba callendose de su boca.—¿Que haces aquí y cómo pudiste abrir la puerta? —deja la horca a un lado en el suelo y se arrodilla en el suelo.—¿No me estarás siguiendo verdad?

 

—Buenos días,—saluda con los ojos cerrados —estaba haciendo un paseo nocturno y como mi casa queda lejos, y este granero estaba cerca y la puerta estaba abierta, y tenía mucho sueño...

 

—¿Y tu mejor solución era quedarte aquí?

 

—Ajam...—afirma medio dormido.

 

—Pues tienes que irte. Lo siento. —la chica se levanta del suelo y lo intenta levantar a él.

 

— ¿Por queeeeé?—se queja como niño pequeño.

 

—Porque este no es un lugar para que las personas duerman. —le contesta.

 

—Ahora me vas a decir que no tendría que estar aquí, que te traería problemas y bla..bla bla..—se vuelve a acostar.

 

—Me alegro que adivinaras mis pensamientos, así que levántate. —lo sarandea de la pierna.

 

—No quiero, estoy muy cómodo aquí —se abraza a un saco.—y que mala anfitriona eres, no me has traído el desayuno y me levantas temprano para nada.—refunfuña.

 

—En primer lugar esto no es una posada, en segundo lugar esto no es una cama y en tercer lugar necesito que te levantes. Porque como tu mismo dijiste me puedes traer problemas —le da golpecitos en su hombro.

 

—No —tapa su rostro con las manos.

 

—Por favor. —le suplica.

 

—No, además ¿cuál es el problema que me quedé aquí?, no molesto a nadie y los animales me adoran ¿verdad? —le pregunta a una gallina y esta le picotea la cabeza. —traidora.

 

—Escucha, te imploro que salgas de aquí antes de que...

 

—¡¡¿SOLIEEEEED?!! —el grito de otro hombre la pone en alerta.

 

—¡Ay no! —la chica corre hacia la puerta y asoma su cabeza, ve que su padre camina tambaleándose y con una botella en su mano, mira al chico —tú quédate aquí y no te muevas. —sale corriendo.

 

—Primero me dice que me largue y ahora que me quede, —mira a la gallina.— ¿Quién entiende a las mujeres — el animal lo vuelve a picotear.

 

Solied se acerca a su padre que está completamente ebrio y desaliñado. Traía las ropas sucias y con olor a ron, su rostro estaba cubierto de moretones y arañazos. "Otra pelea", pensó la joven al ver el estado tan deplorable con el que había llegado. Esta sería la cuarta vez en este mes que llegaba así, demacrado y con golpes por todo el rostro. Lo adentra en la casa prácticamente arrastrándolo, soportando su mal olor y quejidos constantes de la paliza que le dieron anoche. Con un último esfuerzo, Solied lo deja caer sobre la cama quedándose dormido apenas tocando la almohada, aprovecha que su padre está inconsciente y le quita algunas ropas de su cuerpo para que este duerma cómodo. Pero cuando le retira la camisa pudo detectar un extraño aroma, acerca su nariz a la tela y la huele mejor,...perfume...la camisa estaba impregnada de perfume, y revisando más a fondo encontró que el cuello de la camisa tenía una mancha roja y no de sangre .




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