El demonio enamorado

VI

_" Yo me siento igual"_ dijo Noré.

_" No me importaría que me exiliasen o que me arranquen una por una las plumas de mis alas hasta quitármelas, pero no puedo permitir que un inocente sufra por mi culpa, y mucho menos si son mis padres. Estoy segura de que no saben nada de todo esto"_ Dijo Anaciel

_"¿Como lo sabes?"_ pregunto el

_" Porque si están tratando de convencerme de regresar es porque quieren solucionarlo entre nosotros sin que nadie se entere. Sería un escándalo."_ Respondió ella.

_" Creo que puedo ver cuál será tu respuesta,"_ dijo con tristeza el afligido demonio.

Anasiel entristeció su mirada. _"Perdóname, Noré, pero este es mi límite."_ El diablo la rodeó con sus brazos, presionándola contra su pecho.

_" No tienes que pedirme perdón. Lo único que puede hacerme daño es verte triste. Solo quiero que sepas que lo que siento por ti es para siempre"_ le dijo él.

_"Igual yo, si tan solo fuésemos de la misma raza, las cosas no serían tan difíciles"_ suspiró ella.

_"Tal vez, pero tampoco nos hubiésemos amado así. Nos queremos porque somos diferentes, porque encontramos en el otro cosas que no conocíamos en nuestros mundos"_ concluyó él.

Anaciel decidió responder a aquel mensaje diciendo que regresaría esa misma noche. Eligieron pasar sus últimas horas juntos en la intimidad de aquel cuarto, amándose en esa pequeña libertad. Antes de irse, Noré le pidió bailar una última vez, pero siendo ellos mismos, sin disfraces, mirándose tal cual eran, solos entre esas cuatro paredes.

Finalmente, el tan temido momento llegó. Era la hora de despedirse. Fueron hasta el bosque en medio de la noche como ella prometió. Se entregaría por propia voluntad. Allí la esperaba un ángel, un poderoso guardián, para llevarla de regreso. Anaciel y Noré iban tomados de la mano.

Aquella imagen impactó al guardián. Comprobó que lo que le habían dicho era verdad. Un ángel y un demonio juntos entre los humanos. Una inmensa tristeza invadió el pecho de Anaciel. No quería soltar la mano de su amado. Él también se resistía a la idea de que se fuese.

Resignada, se colocó frente a él, aunque casi no podía ni mirarlo. Y con un tímido beso, le dijo adiós. Comenzó a caminar en dirección de aquel ángel guardián.

Pero a mitad de camino, se detuvo. Volvió corriendo sobre sus pasos y abrazó con todas sus fuerzas a Noré. _"No puedo, no puedo hacerlo, no quiero dejarte"_ decía ella entre sollozos.

_"Por favor, no llores, Anaciel. Sabes que es lo único que puede herirme"_ le susurró al oído. _"Pero de solo pensar que no volveré a verte siento mucho dolor"_ agregó él.

Ella lloraba sin consuelo y Noré se sentía culpable por aquella situación. Pensaba que si no la hubiese buscado, si no la hubiese ilusionado desde el primer momento, Anaciel no tendría que pasar por todo eso. Fue entonces cuando decidió tomar una drástica decisión.

Había una sola cosa que podía hacer para ayudarla. _"Mírame, Anaciel"_ le dijo con una voz serena y la besó apasionadamente. _" Si algún día mi recuerdo regresa a tu corazón, estaré aquí, esperándote"_ sonrió él.




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