El demonio que Amé

Capitulo 46: Entre humanos y mentiras

El cuerpo de Mi-yeong yacía inerte entre ellas.

Soo-ming fue la primera en reaccionar.

—Tenemos que moverla ya —dijo, mirando alrededor con nerviosismo—. Este lugar no es seguro.

Céline asintió, pero su mirada se desvió hacia el periodista herido.

Dae-hyung intentó incorporarse primero. Apretó los dientes y pasó un brazo por debajo de Mi-yeong, intentando levantarla él solo.

Por un segundo pareció que lo lograría.

Luego, su brazo tembló.

Un dolor punzante recorrió su costado, la herida aún drenaba su energia demoniaca más de lo que quería admitir.

—Tsk… —escapó de sus labios sin querer.

Mi-yeong no se movió.

Soo-ming lo observó con desconfianza.

—¿Qué estás haciendo?

Dae-hyung soltó lentamente a Mi-yeong, respirando hondo.

—No puedo —admitió—.
Será mejor que ustedes dos la carguen.

El silencio fue inmediato.

—¿Perdón? —respondió Céline, claramente molesta—.
¿Desde cuándo un periodista nos da órdenes?

—Ni siquiera sabemos quién eres —añadió Soo-ming, cruzándose de brazos—. Y vienes a decirnos qué hacer.

Dae-hyung alzó una ceja.

Por dentro, la irritación le ardió como fuego.

Humanas…
Si no fuera por Mi-yeong…

Pero respiró.

Sonrió de lado, relajando los hombros.

—Lo sé —dijo con tono calmado—soy un desconocido pero ahora mismo lo más importante es ella.

Señaló a Mi-yeong.

—Está inconsciente,cada minuto aquí es un riesgo.

Luego adoptó por completo su papel.

—Yo solo iba camino a mi trabajo cuando… esa cosa me atacó no sé qué quiso hacerme, pero sentí como si me estuvieran drenando la energía,hasta que ustedes llegaron… y todo se volvió confuso.

Se llevó una mano a su brazo herido.

—De verdad pensé que iba a morir.

Las preguntas siguientes salieron con naturalidad.

—¿Por qué estaban aquí?,¿Quién era esa criatura?,¿Siempre pasan cosas así en esta zona?

Céline y Soo-ming se miraron.

—Eso no importa ahora —dijo Céline rápidamente— tenemos que irnos.

—Sí —añadió Soo-ming— luego hablamos.

Sin más explicaciones, ambas se acomodaron para cargar a Mi-yeong entre las dos.

—Acompáñanos —le dijo Soo-ming al periodista— te curaremos en nuestra casa.
Seguro fue un accidente… y el golpe te hizo imaginar cosas.

—Un accidente… —murmuró Dae-hyung entre dientes, conteniendo una risa.

Avanzaron en silencio al inicio.

Mi-yeong respiraba con calma, pero su rostro seguía pálido.

—Oye —dijo Soo-ming de pronto, mirando al periodista—.¿A qué te dedicas exactamente?

—Periodismo —respondió Dae-hyung sin pensarlo—.Nada emocionante.

—Ajá —dijo ella—.Pues hoy te tocó el peor día para salir a trabajar.

Rieron suavemente.

Soo-ming siguió hablando, de cosas pequeñas, triviales.
Del clima.
Del tráfico.
De lo molesto que era tener pesadillas después de un susto.

Dae-hyung captó la intención de inmediato.

Está intentando distraerme.

Le siguió el juego.

Mientras tanto, observaba.
Cómo caminaban.
Cómo se comunicaban.
Cómo Céline iba siempre atenta al entorno, mientras Soo-ming hablaba sin parar.

Interesantes compañeras, pensó.

Llegaron a la casa y acomodaron a Mi-yeong en el sillón.

Dae-hyung se sentó en una silla cercana, dejando caer el peso de su cuerpo.

Céline habló con tono serio:

—Espera aquí primero veremos si ella está bien.

Soo-ming le lanzó una mirada de reproche.

—Céline… no lo digas así.

Luego miró al periodista.

—Perdón está nerviosa… Mi-yeong es muy importante para nosotras.

—Lo entiendo —respondió él con una sonrisa tranquila.

Vaya forma de tratar a un civil herido, pensó con sarcasmo.
Pero son… auténticas.

Mientras ellas revisaban a Mi-yeong, Céline regresó con vendas.

—Siéntate bien.

Comenzó a vendarlo con movimientos firmes… demasiado firmes y el actuando como civil herido y delicado exclamo.

—¡Ah! —se quejó Dae-hyung—¿De verdad me estás curando o es acoso no sabes como tratar a un herido?

—Quéjate menos —respondió Céline— si no quieres, lo haces tú.

—¡Eso dolió!

—Céline —intervino Soo-ming— déjame hacerlo a mí.

Céline resopló, visiblemente molesta, pero cedió.

—Como quieras.

Soo-ming fue mucho más cuidadosa.

—Perdón por ella —dijo mientras vendaba— es amable… solo que ahora está alterada.

—Se nota —respondió él con una pequeña risa.

Cuando terminó, Soo-ming sonrió.

—Quédate un rato cuando estés mejor puedes irte, si quieres, podemos ser testigos si faltas al trabajo.

—Gracias —dijo Dae-hyung en su papel de periodista.

Soo-ming llevó a Céline a la cocina.

—Tenemos que ser más cuidadosas con los ciudadanos —le susurró.

Dae-hyung se quedó solo… hasta que sintió algo.

Una respiración diferente.

Miró al sillón.

Mi-yeong abrió lentamente los ojos.

Y él, por primera vez desde que entraron a la casa, dejó caer la máscara.

Se levantó despacio y se acercó.

—Buenos días… —dijo con su voz real, suave—Dormilona.

Los ojos de Mi-yeong se abrieron un poco más.

Y todo, absolutamente todo, cambió en ese instante.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.