El sonido áspero y húmedo del vómito resonó en el baño una y otra vez.
Mi-yeong se aferraba al borde del inodoro con ambas manos, el cuerpo inclinado hacia adelante, respirando con dificultad entre arcadas. Cada espasmo le recorría el estómago como un golpe seco, dejándola más débil que el anterior.
Su mente, lejos de quedarse en blanco, empezó a llenarse de pensamientos sin orden:
¿Por qué me está pasando esto?
Nunca me había sentido así.
¿Fue la comida? ¿El estrés?
¿Dormí mal?
¿Es por el concierto?
¿Por la pelea de hace días?
¿Por Dae-hyung…?
No, eso no tiene sentido.
Mi cuerpo siempre ha resistido más que esto.
Entonces… ¿qué está mal conmigo?
Pero ninguna pregunta encontraba respuesta.
Afuera del baño, Céline y Soo-ming permanecían en silencio por unos segundos, procesando lo que acababan de presenciar en el escenario y lo que había venido después.
—Esto no es normal —dijo Céline finalmente, cruzándose de brazos—. Mi-yeong no se desmaya así porque sí.
Soo-ming asintió, con el ceño fruncido.
—No… y menos varias veces seguidas. Algo le pasa.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Céline, más tensa que de costumbre.
—Primero hay que ver cómo está —respondió Soo-ming—. Luego decidimos.
Sin esperar más, Soo-ming entró al baño.
La escena la hizo apretar los labios. Mi-yeong estaba pálida, con la respiración agitada, apoyada contra el inodoro como si el cuerpo ya no le respondiera.
—Tranquila… respira despacio —le dijo, acercándose—. Ya pasó, ya pasó.
Comenzó a frotarle la espalda con movimientos lentos y firmes, intentando aliviar la tensión.
—¿Desde cuándo te sientes así? —preguntó con suavidad—. ¿Te dolía algo antes?
Mi-yeong intentó responder, pero solo consiguió negar con la cabeza. El cansancio era demasiado.
Cuando el impulso terminó, intentó incorporarse, pero las piernas le fallaron.
—Ey, despacio —dijo Soo-ming, sujetándola—. Apóyate en mí.
Al levantarla, Soo-ming notó la mancha en la ropa.
—Mierda…
Intentó limpiarla con papel y un poco de agua, pero fue inútil.
—Vamos —decidió—. Céline.
Salieron del baño. Céline se quedó inmóvil al ver el estado de Mi-yeong.
—¿Qué pasó…?
—Toallas húmedas —pidió Soo-ming—. Y ropa de cambio.
—¿Por qué…? —empezó Céline, pero Soo-ming le señaló discretamente la mancha.
Céline abrió la boca, sorprendida, pero Soo-ming le dio un leve golpe en la espalda.
Las miradas se cruzaron.
Céline entendió.
—…Ya vengo —dijo simplemente, y regresó con lo que pidieron.
Entre las dos, ayudaron a Mi-yeong a sentarse en el sillón.
—Gracias… —murmuró ella—. Lo siento… por el concierto… por todo…
—No tienes que disculparte —dijo Soo-ming enseguida—. Esto no es tu culpa.
—La Hoo-moon estará bien —añadió Céline—. Tú eres más importante ahora.
Después de cambiarla y asegurarse de que estaba más estable, Céline salió a hablar con el staff.
Explicó la situación. El concierto se cancelaría por motivos de salud.
Cuando el anuncio se hizo al público, la reacción fue inesperada.
No hubo reclamos.
Algunos fans incluso pidieron que el dinero de las entradas se destinara a la recuperación de Mi-yeong.
La noticia regresó al camerino dejando a las organizadoras en silencio.
—Sabía que reaccionarían así —dijo Soo-ming, con una sonrisa cansada.
—Son nuestros fans —respondió Céline, más suave de lo habitual.
Unos minutos después, Mi-yeong se incorporó.
—Ya… podemos irnos.
Nadie discutió.
El viaje en taxi fue silencioso. Cada una perdida en sus pensamientos.
Al llegar a casa, se separaron sin decir palabra.
Mi-yeong se dejó caer en la cama, exhausta mentalmente. Cerró los ojos… pero no pudo dormir.
Tomó el celular.
Buscó sus síntomas.
Resultados médicos. Estrés. Intoxicación. Problemas gástricos.
Siguió bajando.
Una pregunta llamó su atención en una página llamada VoxMentis, un foro anónimo de consultas personales.
“Tengo mareos y vómitos desde hace días. Todo empezó después de una noche con mi pareja. ¿Alguien sabe por qué?”
Leyó la respuesta más votada.
“Podría tratarse de un embarazo, aunque también puede ser otra cosa. Una señal importante es el retraso menstrual. Si tienes dudas, lo mejor es un chequeo.”
Mi-yeong se quedó inmóvil.
—No… —susurró—. No es posible.
Su período había sido normal.
Es solo coincidencia.
Estrés.
Ya me ha pasado antes.
No se dio cuenta de que la puerta se había abierto.
Dae-hyung entró en silencio.
Quiso bromear… pero se detuvo.
Ese olor.
Otra vez.
Más intenso.
Eso no debería ser posible…
Salió a inspeccionar los alrededores. Nada.
Regresó.
Esta vez, cada paso que daba hacia ella hacía que el aroma se volviera más claro.
No venía de afuera.
Venía de Mi-yeong.
Cuando levantó la vista, ella ya lo estaba mirando.
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Editado: 03.02.2026