El llanto de Mi-yeong aún no se había calmado cuando las palabras terminaron de salir de sus labios.
—Seremos padres…
El silencio que siguió no fue ligero. No fue romántico. No fue dulce.
Fue denso.
Como si el aire hubiera cambiado de peso.
Dae-hyung no sabía qué decir.
Por primera vez desde que la conocía, el demonio no tenía una respuesta inmediata, ni una ironía preparada, ni una seguridad arrogante que sostener entre los dientes.
Mi-yeong seguía abrazada a él, aferrándose como si soltarlo significara caer a un abismo sin fondo.
Y eso lo irritó.
No el embarazo.
No la noticia.
Sino el hecho de no saber cómo responder.
De no saber cómo sostenerla sin sentirse… desarmado.
¿Qué se supone que diga un demonio en una situación así?
Durante un instante pensó que la prueba estaba mal. Que los humanos podían equivocarse. Que sus métodos eran imprecisos, débiles, confusos.
Pero no podía afirmarlo.
Eran cosas humanas.
Procedimientos humanos.
Y él no entendía del todo cómo funcionaban.
Su mente, acostumbrada a certezas brutales, tuvo que aceptar algo que no podía negar:
Si era cierto… entonces sería padre.
Padre.
La palabra no encajaba en su naturaleza.
Fruto de su relación con la cazadora Mi-yeong.
La idea era absurda.
Y al mismo tiempo… inevitable.
Respiró hondo.
Luego la separó con suavidad, pero firmeza. Sus manos enmarcaron el rostro húmedo de ella, obligándola a mirarlo.
La besó.
No fue un beso suave ni breve.
Fue profundo. Intenso. Como si estuviera sellando una decisión que ni siquiera él terminaba de comprender.
Cuando se separó, su mirada había cambiado.
No había duda.
Había determinación.
—Tranquilízate —dijo con esa firmeza suya, directa, sin rodeos—. No estás sola en esto.
Su energía demoníaca aumentó levemente, envolviendo la habitación con una presencia más pesada, más protectora que intimidante.
—Aunque esto no debería ser posible —continuó, con un tono bajo que rara vez usaba—, haré lo necesario para protegerlos. A ti… y a esa criatura.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
—Y aquel que ose lastimarlos… sin importar si es humano o demonio… no quedará nada de él en este mundo.
No era una exageración.
Era una sentencia anticipada.
Mi-yeong sintió cómo algo dentro de su pecho se aflojaba.
No desaparecería el miedo.
No desaparecería la ansiedad.
Pero no estaría sola.
Eso bastaba para no romperse.
Aun así, sus pensamientos seguían girando.
Ocultar el embarazo.
Ocultar que tenía pareja.
Ocultar que esa pareja era un demonio.
Todo se volvía más frágil.
—Lo siento… —susurró.
Dae-hyung lo escuchó.
—¿De qué te disculpas ahora? —preguntó, con una leve molestia que no logró ocultar.
Mi-yeong bajó la mirada.
—Le estoy pidiendo disculpas al bebé… por haberle dado una vida llena de complicaciones.
El ambiente cambió.
Ya no era solo tensión.
Era vulnerabilidad.
—¿Te arrepientes? —preguntó él, mirándola fijo—. ¿De nuestra relación? ¿Del fruto de ella?
La pregunta fue directa. Sin suavizar.
—No —respondió ella sin dudar, aunque su tono era triste—. No me arrepiento de ninguna de las dos cosas… pero no puedo evitar pensar en los problemas que vendrán. En las dificultades que tendrá cuando crezca.
Dae-hyung la observó unos segundos más.
Y algo dentro de él se endureció.
No permitiría que la duda creciera ahí.
—No tienes que preocuparte por los problemas que vienen. Ya estoy pensando en cómo solucionarlos.
Se acercó un poco más.
—Por su vida tampoco tendrás que preocuparte. Le enseñaremos cómo ser. Tú le enseñarás a ser cazadora y humana. Yo le enseñaré a controlar su lado demoníaco. Siempre estaremos ahí.
Su expresión se volvió ligeramente oscura.
—Además… ustedes tendrán como protector a un demonio muy poderoso. Incluso si eso implicara destruir el mundo demoníaco… o el humano.
Mi-yeong abrió los ojos.
—No llegues a tales extremos —dijo con firmeza—. Y no olvides que soy la mejor cazadora.
Intentó sonreír.
Pero el intento se quebró rápido.
—¿Y si no soy una buena guía para ella…?
Esa duda fue la que terminó de tensar algo en Dae-hyung.
—Serás la mejor… “mamá” —pronunció el término con torpeza evidente—. Aunque no conozco bien ese concepto.
Los demonios no tenían madres.
—Pero estoy seguro de que serás buena. Eres excelente como cazadora. ¿Por qué dudas ahora?
Ella lo miró.
—La Mi-yeong que tú conociste ya no está. Esa Mi-yeong no saldría con un demonio… y menos tendría un bebé con él.
Dae-hyung soltó una risa baja.
—Yo todavía la veo. Solo que ahora es más fuerte. Y eso me interesa más que la anterior.
Ella no respondió.
Porque en el fondo sabía que él veía algo… que ella todavía no lograba aceptar.
—
En el mundo demoníaco, Gwi-ma volvió a sentirlo.
Esa energía débil.
Pero esta vez fue más definida.
No era demoníaca pura.
No era humana.
Era una mezcla inestable.
Y algo en el equilibrio del mundo demoníaco vibró levemente.
Esta vez no lo ignoró.
—Investiguen —ordenó con frialdad—. Quiero saber de dónde proviene esa energía.
—
De regreso en la habitación.
Dae-hyung, casi sin pensar, deslizó su mano hasta el abdomen de Mi-yeong.
Fue un gesto instintivo.
Y entonces lo sintió.
No fue un movimiento físico.
Fue una resonancia.
Una vibración que respondió a su energía demoníaca.
Pequeña.
Pero consciente.
Sus pupilas se contrajeron apenas.
—Lo imposible… —susurró.
Mi-yeong lo escuchó.
—¿Qué…?
Él recuperó compostura.
—Nada. Me refería a lo improbable de la situación.
#818 en Fanfic
#606 en Ciencia ficción
drama, romance enemiestolove rivalesamantes, cazadoras y demonios
Editado: 20.02.2026