El demonio que Amé

Capitulo 56: Lo que crece en silencio

Mi-yeong bajó las escaleras con la mente atrapada en un torbellino.

Las palabras de Dae-hyung seguían latiendo dentro de ella. No estás sola en esto.

Quería sostenerse de eso.

Pero su mente seguía viajando demasiado lejos.

Ocultar el embarazo.
Ocultar al demonio.
Ocultar el futuro.

Su mano descendía por el pasamanos sin que ella sintiera realmente el contacto.

Entonces el aroma la golpeó.

No fue suave.

Fue intenso.

Albahaca fresca. Espinaca triturada. Queso caliente derritiéndose. Ajo salteado.

Su estómago reaccionó con una contracción repentina. Un vacío profundo, casi doloroso.

Se detuvo.

Nunca le había pasado algo así.

No era hambre normal. Era urgencia.

Su boca se llenó de saliva. Su respiración se aceleró levemente.

Sin pensarlo, bajó los últimos escalones más rápido.

Céline y Soo-ming ya estaban sentadas.

—Llegas tarde —comentó Céline, con su elegancia habitual y mirada analítica.

—Guardamos tu porción —añadió Soo-ming con calma.

Mi-yeong apenas respondió.

Sus ojos estaban fijos en el plato.

Tallarines verdes.

El vapor subía lentamente. El queso brillaba bajo la luz.

Su estómago volvió a contraerse.

Se sentó.

Probó el primer bocado.

Y sintió algo extraño.

Los sabores estaban amplificados. Más intensos. Más vivos.
Como si su cuerpo estuviera absorbiendo cada nutriente con desesperación.

Comió otro bocado.
Luego otro.

No hablaba.

No pensaba.

Solo comía.

Céline la observaba.

Soo-ming también.

En cuestión de minutos, el plato quedó vacío.

Mi-yeong miró el recipiente central.

El hambre no había desaparecido.

Seguía ahí.

—¿Queda un poco más?

Silencio.

—¿Más? —repitió Céline lentamente.

Mi-yeong parpadeó, dándose cuenta tarde.

Ella nunca pedía repetición.

Jamás.

—He estado vomitando estos días —dijo con tono medido—. Supongo que perdí calorías… nutrientes. Mi cuerpo debe querer compensarlo.

Soo-ming asintió primero.

—Es lógico.

Céline no respondió de inmediato.

La estudió.

Su postura.
Su respiración.
La forma en que sostenía el tenedor.

Había algo distinto.

No solo hambre.

Pero finalmente habló:

—Bien. Pero despacio.

Le sirvieron más.

Mi-yeong intentó moderarse, pero su cuerpo pedía más.

Comió con menos rapidez, pero con el mismo apetito evidente.

Céline intercambió una mirada breve con Soo-ming.

No dijeron nada.

Pero algo quedó registrado.

Cuando terminaron, ya eran casi las diez de la noche.

—Sobre los conciertos —dijo Soo-ming mientras recogía los platos—. Deberíamos suspender los próximos.

—La barrera está mostrando grietas —añadió Céline—. No podemos arriesgarnos.

Mi-yeong levantó la mirada.

—Estoy bien.

—Eso dices siempre —respondió Céline.

—Pero tu energía ha estado inestable —añadió Soo-ming.

Mi-yeong sintió un leve escalofrío.

—Es por haber estado enferma.

Céline la sostuvo con la mirada.

—Quizá.

La palabra quedó flotando.

No era aceptación.

Era duda.

—Mañana revisaremos la barrera otra vez —concluyó Céline.

Subieron juntas.

Mientras caminaban por el segundo piso, el silencio era más pesado que antes.

Céline pensaba.

No era solo mentira.

Era ocultamiento estratégico.

Mi-yeong no mentía por capricho.

Mentía cuando algo la sobrepasaba.

Soo-ming también lo había notado.

—No es solo físico —murmuró Soo-ming cuando quedaron solas en su habitación.

Céline cerró la puerta.

—Lo sé.

—¿Crees que haya… influencia externa?

Esa pregunta cambió el ambiente.

Céline no respondió de inmediato.

—La barrera no se agrieta sin motivo —dijo finalmente—. Y su energía ha estado diferente.

—¿Posesión?

—No. No es eso.

Céline cruzó los brazos.

—Es como si hubiera otra vibración mezclándose con la suya.

Soo-ming frunció el ceño.

—Entonces no solo nos oculta algo. Está protegiendo algo.

Céline asintió.

—Y sea lo que sea… está conectado con la inestabilidad.

Ambas quedaron en silencio.

—Mañana observaremos con más cuidado —decidió Céline—. Sin que lo note.

En su habitación, Mi-yeong se quitó la chaqueta.

Pensaba en Dae-hyung.

Pensaba en su promesa.

Se cambió la parte inferior del pijama.

Luego tomó la prenda superior.

Estaba de espaldas cuando la presencia llenó la habitación.

—Pensé que tardarías más —dijo la voz conocida, con diversión apenas contenida.

Mi-yeong se quedó rígida.

Dae-hyung estaba apoyado contra la pared, observando su espalda descubierta.

—Interesante bienvenida —añadió con picardía.

Ella giró de golpe.

Se cubrió con los brazos.

—¡Dae-hyung!

Él soltó una risa baja.

—¿Te avergüenzas ahora? Después de todo lo que ya he visto.

El rubor subió hasta sus orejas.

—Eso no te da derecho a aparecer sin avisar.

—No me parece justo que ocultes espectáculos como este.

Mi-yeong se dio vuelta para vestirse.

Dae-hyung se acercó y murmuró cerca de su oído:

—Tu corazón está más acelerado que antes.

Ella cerró los ojos un segundo.

Sí, una parte de ella reaccionaba.

Pero ahora había prioridades mayores.

—No es momento para eso.

Su tono cambió.

Serio.

—¿Ya tienes un plan?

Dae-hyung dejó de sonreír.

—Sí.

—¿Cuál?

Una sonrisa breve, peligrosa, cruzó su rostro.

—Mañana lo sabrás. Solo di que sí.

Mi-yeong lo tomó de la mano con fuerza.

Su energía cambió.

Firme.

Determinada.

—No estamos para una de tus sorpresas que me traigan más problemas.

Dae-hyung sintió la presión.




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