El demonio que Amé

Capitulo 58: La propuesta que lo cambió todo

El silencio después de la propuesta fue más ruidoso que cualquier grito.

Mie-yeong sintió cómo algo se tensaba dentro de ella. No era solo sorpresa. No era solo vergüenza.

Era una mezcla peligrosa de emoción… y pánico.

No imaginó que Dae-hyung llegaría a ese extremo.

Arrodillarse enfrente de sus compañeras y exponerla.

Eso era una detonación pública.

Y entonces ocurrió lo inevitable.

Céline y Soo-ming se movieron casi al mismo tiempo, colocándose ligeramente delante de Mie-yeong.

Protección instintiva.

Céline fue la primera en hablar, con su tono directo y sin adornos.

—¿En serio? ¿Te enamoraste de ella viéndola un par de veces?

Su mirada era afilada.

—¿O tienes segundas intenciones?

Soo-ming, más suave pero igual de firme, añadió:

—El gesto que hiciste es bonito… pero no tiene sentido.

Antes de que Mie-yeong pudiera intervenir, Dae-hyung respondió con total naturalidad en su papel de humano periodista.

—¿Para ustedes no existe el amor a primera vista? —sonrió con elegancia—. ¿O es obligatorio conocer profundamente a alguien para sentir algo auténtico como el amor?

Las dos se quedaron en silencio por un segundo porque la pregunta las tomó por sorpresa.

Debido a eso, como si decidieran proteger el terreno, empujaron suavemente hacia adentro a Mie-yeong, dejando la puerta abierta.

Soo-ming habló con cierta lástima.

—Fue muy bonito el gesto que te hizo, Mie-yeong… pero deberías rechazarlo porque no se conocen lo suficiente.

Céline frunció el ceño.

—¿Por qué dices “debería”? Que lo rechace de una vez. No me da buena espina.

Ambas giraron la mirada hacia Mie-yeong.

Esperaron su respuesta, provocando que a ella le latiera el corazón con fuerza, algo que no debía mostrar delante de ellas.

Claro, la propuesta de Dae-hyung le había impresionado. También le había parecido romántica y, al verlo, había sentido algo cálido.

Pero era ilógico, arriesgado y muy peligroso.

Era algo típico de la lógica demoníaca, pero eso significaría más problemas, más tensión y más peso sobre algo que ya estaba al límite.

Internamente estaba peleando consigo misma.

Si lo rechazo muy rápido sospecharán.
Si lo acepto, empeoro todo.
Si dudo, parecerá que escondo algo.

Y justo cuando estaba por hablar…

Dae-hyung dio un paso más hacia la puerta.

—Estoy esperando tu respuesta, mi amada.

El “mi amada” fue perfectamente humano.

Pero lo que dijo después…

—Por favor… considera mis sentimientos y los motivos por los que hago esto. No dañes mi corazón; reuní valor para confesarte lo que siento.

Había algo en el tono.

Una frase que solo ella entendió.

Mie-yeong lo miró.

Esa mirada decía claramente:

“Di una palabra más y te mato aquí mismo.”

Céline también lo fulminó.
Soo-ming no se quedó atrás.

Dae-hyung captó el mensaje.

Soltó una risa ligera.

—Estaré afuera esperando tu respuesta.

Retrocedió y el silencio volvió.

Mie-yeong respiró profundo.

—Chicas, tranquilas —dijo con serenidad medida—. Gracias por sus consejos. Los tomaré en cuenta.

Se obligó a mantener firme la voz.

—Primero hablaré con ese periodista. Le explicaré algunas cositas llamadas sentido común. Y otras que lo harán replantearse lo que acaba de hacer.

Céline asintió de inmediato.

—Voy contigo.

Soo-ming cruzó los brazos.

—Yo también.

Eso la puso nerviosa.

Lo que para un humano era sentido común…para un demonio podía ser completamente irrelevante.

Y si Dae-hyung decidía hacer algo de más, no podía arriesgarse a eso.

En ese momento solo Soo-ming notó la tensión extra en su expresión.

Pero la atribuyó al momento.

—Chicas —dijo Mie-yeong con suavidad forzada—. Esto lo haré sola. No quiero meterlas en algo incómodo.

Céline se levantó de inmediato.

—¿Por qué sola? ¿Y si te hace algo?

La energía protectora era evidente.

Mie-yeong la miró con cariño… ocultando ansiedad.

—Soy la líder. Si puedo vencer a un demonio en segundos… un humano no me tomará más que eso.

Céline quiso replicar.

Soo-ming la detuvo.

—Confía en ella.

Y añadió con la mirada:

Aunque ya sé cuál será su decisión.

—Sí —respondió Mie-yeong, apenas titubeando.

Se levantó.

—Será rápido.

Apenas cruzó la puerta, tomó a Dae-hyung por la ropa y lo jaló hacia afuera.

Cerró casi por completo y después le lanzó una mirada que decía:

“Gracias por empeorar todo.”

Él sonrió.

—Te tomaste tu tiempo. Pensé que había pasado un año.

Ella avanzó con una energía que lo hizo retroceder un paso.

Por un segundo, recordó quién era realmente cuando se enfadaba.

Lo tomó del cuello de la ropa.

—Querido Dae-hyung —dijo despacio, con furia contenida—. No estamos para bromas. ¿Sabes lo que acabas de hacer?

Él se soltó y dio unos pasos atrás.

—¿No es la solución más eficaz?

—¿Eficaz para quién? —replicó ella—. ¿Para ti? ¿Para tu orgullo? ¿O para tu necesidad de resolverlo todo como si fuera una estrategia de guerra?

Eso sí lo hizo fruncir el ceño.

—Lo hice por ti y para proteger al fruto que llevas dentro.

La última palabra cayó con peso.

Ella apretó los dientes.

—No uses a la criatura para justificar tus decisiones.

—Entonces dime otra solución que no exponga nuestro secreto cuando el embarazo avance.

Silencio.

Él no estaba equivocado.

Y eso la enfurecía más.

—Lo nuestro es un secreto, idiota —bajó la voz—. ¿Quieres que sepan que llevo tiempo saliendo con un demonio? ¿Acaso quieres empeorar todo?

—Entonces digámoslo de una vez y así solucionamos otro problema.

Y ahí fue donde la sangre le hirvió a Mie-yeong.

Le dio una fuerte cachetada.

La cachetada resonó en el lugar.




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