El demonio que Amé

Capitulo 61: El precio del secreto

El mundo demoníaco era un lugar donde la calma rara vez significaba tranquilidad. Normalmente era el silencio previo a la violencia.

Dae-hyung apareció entre las sombras de aquel territorio con la mente completamente concentrada en un solo objetivo. Desde el momento en que había regresado a ese mundo, su percepción había estado recorriendo cada rincón cercano intentando localizar al demonio que los había visto. Sabía que no tenía demasiado tiempo. Si ese demonio llegaba a hablar con la persona equivocada, todo lo que había estado protegiendo durante tanto tiempo se derrumbaría.

Sus pasos se movían con rapidez mientras atravesaba los pasillos de piedra oscura y estructuras deformadas que formaban parte de aquel territorio. Su mirada estaba fría, calculadora, pero en el fondo de sus ojos había algo más profundo: una furia contenida.

No estaba molesto solo por la situación.

Estaba molesto consigo mismo.

Había cometido un error.

Un error que podía costarle demasiado caro.

Su percepción finalmente captó la presencia que estaba buscando.

El demonio que lo había observado estaba avanzando con rapidez hacia una zona específica del territorio. Cuando Dae-hyung dirigió la mirada hacia ese lugar, sus ojos se estrecharon de inmediato.

El demonio estaba a punto de llegar al sector donde se encontraba Rok-san.

Y lo peor de todo…

Rok-san no estaba solo.

Gwi-ma estaba allí con él.

La presión en el ambiente cambió en ese mismo instante.

Dae-hyung no perdió un solo segundo más. Su figura desapareció en un movimiento tan rápido que el aire mismo pareció deformarse alrededor de él mientras se dirigía hacia ese lugar.

Mientras tanto, en el mundo humano, Mie-yeong estaba bajando las escaleras de la casa con pasos que intentaban ser tranquilos, aunque su mente estaba lejos de sentirse así.

Todo lo que había ocurrido esa noche seguía dando vueltas dentro de su cabeza.

Las palabras.

La mirada de Dae-hyung.

La tensión que había aparecido de repente.

Su respiración aún no había vuelto completamente a la normalidad.

Intentó concentrarse en algo sencillo como bajar las escaleras, pero su mente estaba tan llena de pensamientos que en un momento su pie descendió de forma equivocada hacia el siguiente escalón.

El error habría terminado en una caída si no hubiera reaccionado casi por instinto.

Su mano se cerró rápidamente sobre la baranda de la escalera, sujetándose con fuerza antes de perder el equilibrio. El movimiento fue rápido, pero lo que ocurrió al mismo tiempo fue algo que ella misma no notó hasta después.

Su otra mano se había posado de forma inconsciente sobre su abdomen.

Justo donde estaba el bebé.

El gesto duró apenas un segundo.

Sin embargo, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, su corazón dio un pequeño salto dentro de su pecho. Sus dedos permanecieron ahí unos instantes más antes de apartarse lentamente.

Su expresión cambió levemente.

No era miedo.

Era algo más complicado.

Un pensamiento silencioso cruzó su mente.

Luego se enderezó de inmediato.

Mie-yeong sabía que no podía quedarse parada ahí reflexionando. Si alguien la veía con esa expresión, las preguntas llegarían de inmediato. Por eso se obligó a adoptar una postura más normal y continuó bajando los últimos escalones con rapidez.

Justo cuando su pie tocó el último escalón, alguien apareció desde la cocina.

Céline estaba caminando con un vaso en la mano.

La chica se detuvo al verla.

—Oh… Mie-yeong —dijo con naturalidad.

Mie-yeong reaccionó rápidamente, adoptando una expresión tranquila mientras se acercaba.

—Céline.

Intentó sonar completamente normal.

Céline la observó durante un par de segundos antes de entrecerrar ligeramente los ojos.

—¿Por qué tienes esa cara?

Mie-yeong parpadeó.

—¿Qué cara?

Céline levantó el vaso con calma antes de responder.

—La cara de alguien que parece estar sufriendo.

Mie-yeong soltó una pequeña risa suave, aunque por dentro sabía exactamente por qué tenía esa expresión.

—Ya te lo dije antes… estoy en mi mes.

Céline frunció ligeramente el ceño al escuchar eso.

—¿Tomaste tu pastilla para los cólicos?

El silencio que siguió fue suficiente para darle la respuesta.

Céline la miró con incredulidad.

—No me digas que no la tomaste.

Mie-yeong apartó la mirada por un instante antes de responder con una pequeña mueca.

—Se me olvidó.

La reacción de Céline fue inmediata.

—¿Se te olvidó?

Su tono estaba lleno de reproche.

—Mie-yeong, sabes perfectamente que cuando te dan esos cólicos te duele muchísimo. ¿Cómo es posible que no hayas tomado la pastilla?

Mie-yeong levantó las manos ligeramente en gesto de calma.

—Han pasado muchas cosas hoy. Simplemente se me pasó.

Céline la miró con los ojos entrecerrados durante unos segundos antes de suspirar.

—De verdad eres increíble.

Luego señaló hacia la cocina.

—Ve ahora mismo a tomarla.

Mie-yeong asintió.

—Sí, sí… ya voy.

Céline la miró con una expresión que dejaba claro que no estaba bromeando.

—Más te vale hacerlo.

En el mundo demoníaco, la situación estaba a punto de cambiar drásticamente.

El demonio que había estado observando a Dae-hyung finalmente llegó al lugar donde Rok-san se encontraba.

Sin embargo, antes de poder acercarse demasiado, otro demonio se interpuso frente a él.

Era un demonio de rango mayor.

El subordinado se detuvo de inmediato.

—Necesito hablar con Rok-san —dijo con rapidez.

El demonio que bloqueaba el paso ni siquiera se movió.

—Rok-san está ocupado.

—Es importante.

—No importa.

El demonio intentó avanzar, pero el otro dio un paso al frente bloqueando completamente el camino y dijo de manera firme.




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