El demonio que Amé

Capitulo 63: El peso de lo que se oculta

El mundo demoníaco no era un lugar donde los errores desaparecían sin dejar rastro, y Dae-hyung lo sabía demasiado bien como para ignorarlo.

Avanzaba entre las estructuras de piedra con paso firme, pero su atención no estaba en el entorno, sino en cada detalle de lo ocurrido. La conversación con Rok-san no había sido una simple interacción. No hubo acusaciones directas ni pruebas visibles, pero sí algo mucho más incómodo: interés.

Y cuando Rok-san se interesaba en algo, no se detenía.

Dae-hyung organizó cada elemento con precisión. El demonio que había sido testigo ya no existía, pero su eliminación no había borrado el problema. Lo había transformado. La ausencia también podía ser una señal.

Su expresión se tensó levemente.

No le molestaba el riesgo.

Le molestaba el error.

“Fallaste.”

La voz en su mente no fue un pensamiento pasajero, sino una afirmación clara.

Dae-hyung no reaccionó de inmediato.

“No. Corregí tarde.”

“Eso es fallar.”

Su mandíbula se tensó apenas, pero no apartó la mirada.

“Es suficiente.”

Hubo un breve silencio interno.

“¿Lo es?”

Esa pregunta no buscaba provocarlo.

Era peor.

Porque lo obligaba a reconocer lo que ya sabía.

Dae-hyung cerró los ojos un instante antes de exhalar con control. No necesitaba quedarse atrapado en eso. El error ya había ocurrido. Lo único relevante ahora era lo que venía después.

Sin embargo, incluso mientras ordenaba sus ideas, una imagen apareció sin permiso.

Mie-yeong.

Su cercanía.

Su forma de mirarlo sin cuestionarlo.

Su presencia… constante.

“Una distracción.”

La palabra surgió con rapidez.

Automática.

Como si al nombrarlo pudiera reducir su impacto.

Pero el silencio que siguió no lo confirmó.

Y eso fue lo que realmente le incomodó.

Dae-hyung abrió los ojos con una leve tensión en la mirada.

No era solo una distracción.

Y lo sabía.

Porque si lo fuera, ya lo habría eliminado de su camino.

Su mirada se endureció apenas.

Eso lo hacía más problemático.

“El mundo humano…”

Esa era la única pista visible.

Demasiado amplia.

Pero suficiente para que alguien como Rok-san empezara a moverse.

Dae-hyung continuó avanzando, completamente enfocado. Si iba a investigar, entonces él debía adelantarse. No bastaba con ocultar. Tenía que construir direcciones falsas, generar ruido, asegurarse de que cualquier intento de búsqueda terminara en nada.

No se trataba de escapar.

Se trataba de controlar lo que otros podían encontrar.

En el mundo humano, la noche había avanzado más de lo que parecía.

Mie-yeong permaneció unos minutos en la sala intentando calmar la presión en su pecho, pero no desaparecía. No era un pensamiento claro, sino una sensación constante que no lograba ignorar.

Finalmente, decidió subir a su habitación.

Subió las escaleras lentamente, atrapada en sus propios pensamientos. Cuando llegó al final y giró hacia el pasillo que llevaba a su cuarto, una voz la detuvo.

—Sabía que no estabas bien.

Mie-yeong se detuvo antes de girarse. Soo-min estaba apoyada contra la pared, observándola con una calma que no lograba ocultar la atención en su mirada.

—Pensé que ya estabas dormida —respondió con naturalidad.

—Lo intenté, pero algo no me cuadraba.

El ambiente se volvió más denso.

—¿A qué te refieres?

Soo-min dio un paso hacia ella.

—A ti.

Mie-yeong sostuvo su mirada.

—Estoy cansada.

Soo-min negó suavemente.

—No es eso.

El silencio que siguió fue breve, pero incómodo.

—Estás pensando demasiado —dijo Mie-yeong.

—Y tú estás ocultando algo.

Esta vez no hubo espacio para desviar la conversación.

Mie-yeong sintió el peso de esas palabras, pero mantuvo la compostura.

—No es nada que no pueda manejar.

Soo-min la observó unos segundos más.

—No te estoy obligando a decirlo, pero no puedes fingir que no pasa nada.

La preocupación en su voz hizo que mentir se sintiera peor.

—Estoy bien.

Soo-min no parecía convencida.

—Está bien… pero si cambia, me lo dices.

—Sí.

Antes de irse, añadió:

—Ten cuidado.

Mie-yeong la vio alejarse y luego entró a su habitación en silencio.

El cuarto se sintió distinto.

Más pesado.

Más honesto.

Se apoyó unos segundos contra la puerta antes de avanzar y sentarse en la cama. Su mano se posó sobre su abdomen de forma casi automática.

—No puedo seguir así…

Tomó su celular y abrió sus notas. No quería pensar. Quería sacar lo que llevaba dentro sin romperse.

Y lo hizo como mejor sabía.

🎵 “Lo que no puedo decir” 🎵

Digo “estoy bien” otra vez
aunque sé que no es verdad
sonrío para no caer
pero todo empieza a pesar

Confían tanto en mí
y yo no sé cómo seguir
mintiendo cada día más
como si fuera normal

Quiero hablar… pero no puedo
si lo hago, todo se va a romper
todo lo que tengo ahora
ya no va a volver

Y sigo aquí
fingiendo que no pasa nada
cuando todo dentro de mí
ya no puede más

No puedo decir
que tú no eres lo que ven
que hay algo oscuro en tu piel
y aun así… me acerqué

No puedo decir
que no fue un error sentir
que aunque sé cómo va a acabar
no me quiero ir

Hay algo creciendo en mí
y no lo puedo explicar
una vida que no debía existir
pero que no puedo soltar

Mitad de ti… mitad de mí
un secreto que no puede salir
si alguien llega a descubrirlo
todo va a destruirse aquí

Si digo la verdad
lo pierdo todo de una vez
si sigo así
ya no sé quién voy a ser

Y aunque me duela mentir
aunque me rompa seguir
no puedo decir la verdad
porque sería el final




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.